Las organizaciones de hoy en día requieren de líderes, no de jefes. Es un concepto ya muy manoseado de que el jefe ordena y el líder orienta asu equipo hacia los resultados esperados por la empresa o institución.
Un factor determinante para lograr cumplir con las metas que se ha
trazado cada departamento dentro de una estructura organizacional, sea del sector público o privado, es la capacidad de escuchar que tenga tanto la máxima autoridad como los gerentes, encargados y cada una de las posiciones que cuente con personal bajo su supervisión.
En mi experiencia personal liderando equipos, en mi caso comunicacionales, pude poner en práctica habilidades blandas que me permitieron mejorar el clima laboral departamental y esto se vio reflejado en los indicadores de evaluación institucionales.
En una oportunidad en específico, los resultados arrojaban que antes los encargados de área no se sentían escuchados ni tomados en cuenta por la gerencia. Decían que sus opiniones no valían, a mi llegada adopté un cambio de cultura en la que me reuní con cada encargado para discutir las tareas a realizar y socializar su visión de cómo estas tareas debían ejecutarse.
Mi idea como gerente era que, aunque siempre tenía la decisión final, debía valerme del expertise de cada encargado para encontrar juntos la manera de lograr los objetivos. La evaluación posterior indicó que, tras este cambio de modalidad en la toma de decisiones, el equipo se sentía escuchado y respetado.
Y es que un líder que escucha no es un líder flojo, todo lo contrario, ya que su gestión se crece con la fortaleza de cada uno de sus colaboradores.
Desde mi punto de vista hay algo peor que no pedir las opiniones de los demás y consiste en dejar que todo el mundo se exprese para refutar en la totalidad sus argumentos. Cuando hacemos esto desmoralizamos al equipo ya que lo que prometemos y damos es una falsa escucha donde quiero hacerte sentir parte solo para que valides todas mis propuestas.
El ejercicio de pedir las opiniones de los demás implica también una reflexión y adopción de algunas de las sugerencias que recibimos, en especial en las que la mayoría está de acuerdo siempre y cuando no vaya en desmedro
de la organización.
Solicitar la visión de nuestros colaboradores para descartarlas en su totalidad e imponer la nuestra es un ejercicio de jefatura y no de liderazgo. Hace sentir desvalorizado y desmotivado al equipo lo cual cpuede generar un éxodo del personal de manera paulatina.
Tratemos de identificar si estamos cometiendo estos errores para corregirlos eficientemente ya que no solo repercutirá en beneficios para la empresa sino también en nuestro crecimiento.
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