Durante mucho tiempo, ha existido la teoría de que, si colocamos un combustible de mayor octanaje en nuestro vehículo como, por ejemplo, combustibles Racing de 100 octanos, vamos a lograr condiciones totalmente extraordinarias, mayor potencia y, por ende, mayor desempeño, sin embargo, no hay nada más alejado a la realidad que eso.
Para nadie es un mito el hecho de la calidad cuestionable de los combustibles en nuestro país, acorde a las indicaciones del ministerio de Industria y Comercio, la gasolina regular debería tener (en teoría) un mínimo de 89 octanos, mientras que la gasolina premium, no debería ser menor a 95 octanos. No obstante, la realidad, al momento de realizar las pruebas de manera individual, distan mucho de estas cifras, lo cual ha sido producto de muchas polémicas que, en este caso, no vamos a tocar.
Para poder entender el contexto, el octanaje no es más que la unidad de medida que se utiliza para expresar el poder antidetonante de una gasolina o de otros carburantes, en relación a determinada mezcla de hidrocarburos que se toma como base. A mayor nivel de octanaje, menor es la posibilidad de que la gasolina detone de manera prematura en la cámara de combustión de nuestro vehículo.
Ocurre que cada vehículo, basado en los niveles de compresión establecidos por el fabricante, viene diseñado para una cantidad mínima de octanaje de combustible necesaria, requerida para evitar que la gasolina pueda detonar antes de tiempo, causando el ruido de cascabeleo o “pistoneo” que, con el tiempo, trae consecuencias negativas en nuestro motor. En este sentido, a mayor nivel de compresión, es requerido un mayor nivel de octanaje para evitar que la gasolina detone antes de tiempo y pueda permitir un funcionamiento óptimo.
No obstante lo anterior, colocar un nivel de octanaje mayor al indicado por el fabricante del vehículo no causa ningún efecto beneficioso en nuestro vehículo, ya que, simplemente, se está superando el requerimiento mínimo establecido por el fabricante, por lo tanto, si a un vehículo diseñado para trabajar en base a 90 octanos, le colocamos gasolina de 100 octanos, su funcionamiento será exactamente igual sin ninguna mejora ni detrimento. De hecho, el único deterioro que veremos, será el de nuestro bolsillo al pagar un combustible más costoso que no surtirá ningún efecto.
Por el contrario, colocar un combustible de inferior octanaje al requerido por el fabricante, causará el cascabeleo o “pistoneo” indicado anteriormente, lo cual, con el pasar del tiempo, sí traería secuelas negativas en nuestro motor.
Otro de los mitos relacionados con el mayor octanaje es el de atribuirle condiciones de “agente limpiador”. Usualmente, he escuchado personas que dicen: “voy a colocar 100 octanos para limpiar el sistema”, sin embargo, no hay tal limpieza en el sistema, sino simplemente que operará en condiciones de mejor octanaje al previo. De hecho, hay personas que notan una mejora significativa en la potencia colocando este tipo de combustible, sin embargo, la mejora se debe a que, considerando que ni siquiera la gasolina premium en nuestro país en ocasiones alcanza el octanaje mínimo requerido por los vehículos de hoy día, el vehículo no logra su desempeño real, mientras que al colocar este combustible, y este superar el estándar mínimo, pues funciona de manera correcta y es, por esto, la diferenciación notoria del usuario.
En definitiva, salvo que tengamos un vehículo de muy alto desempeño, es decir, un auto deportivo o similar, en el cual el fabricante especifique combustible de 100 octanos, utilizar este producto no resultará en más que no sea gastar innecesariamente nuestro dinero. Revisemos el manual del usuario de nuestro vehículo para entender el nivel de octanaje mínimo a requerir por el fabricante y tratar de colocarle este. En caso de que notemos cascabeleos o “pistoneos” en nuestro motor, busquemos un buen aditivo, de marca reconocida internacionalmente, para la mejora de octanaje, lo cual ayudará a llevar dicho combustible a los estándares mínimos, y resultará mucho más económico que colocar un combustible Racing de 100 octanos.
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