Desafíos de la justicia en la era de la posverdad

En la actualidad, la “posverdad” representa un reto significativo para el sistema judicial, especialmente, en contextos marcados por la polarización política, la desinformación y la desconfianza institucional. En un Estado de derecho, la justicia debe sustentarse en evidencias, normas y debido proceso. Sin embargo, en la era posverdadera, estos pilares se erosionan por narrativas emocionales, desinformación viral, y juicios paralelos en redes sociales. A veces, una publicación no verificada influye más que una sentencia fundada en derecho.

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June 25, 2025

En República Dominicana, el uso masivo de plataformas digitales ha impulsado la participación ciudadana, pero también la propagación de información errónea sobre procesos judiciales. Esto influye en la percepción pública y genera presión sobre jueces y fiscales, afectando su independencia. La presunción de inocencia, consagrada en el artículo 69 de la Constitución, se ve frecuentemente vulnerada. 

Además, el avance tecnológico presenta nuevos desafíos. Herramientas como los “deepfakes” permiten falsificar pruebas digitales, dificultando su autenticación. Aunque se han impulsado esfuerzos de modernización por parte del Consejo del Poder Judicial y la Procuraduría General, muchos tribunales aún carecen de recursos y protocolos adecuados para enfrentar esta realidad. 

También, persiste una desigualdad frente al juicio público. Imputados con recursos acceden a asesoría mediática especializada, mientras otros, sin acceso a defensa efectiva, quedan vulnerables al escarnio social, profundizando la brecha entre justicia formal y justicia percibida.

El populismo punitivo es otra expresión de la posverdad en el ámbito penal. Se favorecen decisiones rápidas y ejemplarizantes para satisfacer el clamor popular, aunque se sacrifiquen derechos fundamentales. La prisión preventiva se utiliza con frecuencia excesiva, y hay resistencia a medidas alternativas como la libertad condicional. 

Cuando una decisión judicial no se alinea con las expectativas del público, surge desconfianza institucional. Esta es aprovechada por sectores que, sin pruebas, acusan a los jueces de corrupción o parcialidad, minando la legitimidad del sistema. 

Frente a este escenario, es fundamental fomentar la educación jurídica en la ciudadanía. Comprender cómo funciona el proceso judicial, y el valor de las garantías procesales, promueve una sociedad crítica, menos vulnerable a la manipulación informativa. Los medios también deben asumir un rol responsable, privilegiando la veracidad y el rigor profesional. 

El sistema judicial, por su parte, debe mejorar sus estrategias de comunicación institucional. Las resoluciones deben expresarse en un lenguaje claro, comprensible para la ciudadanía, y las instituciones deben abrirse al escrutinio público para contrarrestar la desinformación. Defender la verdad jurídica no implica censura, sino preservar hechos verificables como base de la democracia. 

Algunos avances ya se evidencian, como la capacitación en comunicación judicial, y mejoras en la gestión de casos sensibles. Sin embargo, se requiere una estrategia más amplia que incluya al Ministerio Público, universidades, medios de comunicación y sociedad civil. 

Una medida prioritaria sería crear una unidad especializada en pruebas digitales, integrada por expertos en informática forense y dotada de protocolos rigurosos. Además, es urgente actualizar el marco penal para abordar adecuadamente los delitos informáticos y regular el uso de evidencias tecnológicas. 

Desde el punto de vista ético, los operadores de justicia deben actuar con responsabilidad e integridad, resistiendo las presiones sociales y priorizando los principios del Derecho. También, es necesario que desarrollen habilidades comunicativas y comprendan el entorno mediático donde operan, ya que la legitimidad se construye tanto por la calidad de sus decisiones como por su cercanía al ciudadano. 

El desafío de la posverdad no puede ser enfrentado solo desde el derecho. Es indispensable integrar tecnología, ética, educación y comunicación en una respuesta conjunta. En un mundo donde lo falso puede parecer verdadero, la justicia debe hablar con firmeza y coherencia, respaldada por pruebas
y principios. 

Por ello, es necesario impulsar una estrategia nacional de comunicación judicial. Esta debe incluir voceros capacitados para interactuar con medios y redes sociales, así como desarrollar contenidos educativos que expliquen las decisiones judiciales de manera pedagógica. La transparencia debe ser una práctica constante. 

También, se recomienda crear un observatorio interdisciplinario con participación del Poder Judicial, Ministerio Público, academia y sociedad civil, para monitorear el impacto de la desinformación y diseñar respuestas efectivas, incluyendo campañas educativas y mecanismos preventivos. 

Por último, la formación jurídica debe reformarse para incluir temas como ética pública, comunicación institucional y manejo de crisis. Formar profesionales con una visión integral del sistema y su contexto comunicacional, es crucial para proteger la objetividad y la imparcialidad judicial.

En conclusión, la justicia, en tiempos de posverdad, enfrenta una crisis que trasciende lo jurídico. Afrontarla requiere voluntad política, compromiso institucional y una participación activa de todos los sectores sociales. Defender la verdad jurídica es hoy, más que nunca, un deber ético con la democracia y la dignidad humana. 

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