En las últimas décadas, la tecnología ha transformado exponencialmente la comunicación, rompiendo barreras de tiempo y espacios. Producto de ello, la forma en que nos comunicamos e interactuamos ha cambiado, acrecentándose los mensajes de texto, las redes sociales y los chats en línea, mientras disminuye el contacto físico y verbal en la comunicación interpersonal.
La tecnología es cambiante y, con ella, es cada vez más evidente la ausencia de buenos comunicadores y oradores, a todos los niveles: empresariales, políticos, profesionales, sociales, educativos, juveniles. Sufro de vergüenza ajena cuando veo empresarios, muy reconocidos, disertando con grandes y frecuentes errores de dicción ante una audiencia o en los medios de comunicación, o cuando escucho, y observo, a políticos y funcionarios gubernamentales en sus exposiciones públicas cometiendo graves deslices de fondo y forma. En estos tiempos, con tantos recursos a disposición, esto es incomprensible e inadmisible.
Si bien la comunicación es más rápida, fluida y eficiente, los nuevos lenguajes y formatos, así como la inmediatez de la interacción y la brevedad del mensaje, no sustituyen las competencias y habilidades comunicativas que van más allá de la simple transmisión de la información.
¿Por qué la comunicación efectiva y la oratoria son todavía valoradas?
Un alto porcentaje de las labores profesionales requieren de la palabra hablada como una herramienta de trabajo y, sin duda alguna, aquellos que cuentan con habilidades comunicativas, logran tener mayor éxito e impacto en lo profesional y personal. Toda institución pública y privada, pequeña o grande, debe contar con un equipo humano de líderes que sepan establecer un discurso efectivo a lo interno y externo, en conferencias, exposiciones, pequeñas reuniones de negocios, en presentaciones ante potenciales clientes, entrevistas en medios, participaciones en plataformas digitales, y más allá. La oratoria es una herramienta del
éxito laboral.
Para ser un buen líder, y ejercerlo con efectividad, es preciso poseer la habilidad de comunicar. Más allá de la intelectualidad, la comunicación efectiva es una competencia y destreza esencial: saber qué, cuándo y cómo comunicar; con impacto, claridad, facilidad, seguridad y sin temor. Tener una escucha activa y dominar el lenguaje verbal y corporal, la voz, la dicción, el contenido de la presentación, así como saber manejar el miedo escénico. Comunicar para comprender, compartir, conectar, convencer, conmover, comprometer e impactar.
Ha quedado demostrado que los grandes líderes y oradores han sido y son buenos comunicadores, se han entrenado de manera permanente en sus habilidades de comunicación, destacándose en cualquier escenario, desde pequeños grupos hasta grandes auditorios, transmitiendo sus ideas y cautivando las mentes y el corazón
de su audiencia.
¿Qué debemos hacer? La magia del don de la oratoria sigue existiendo, y cuando no sea innata, es una habilidad que perfectamente se puede desarrollar y perfeccionar a través de la capacitación.
Como comunicadora, conferencista, entrenadora y mentora, siempre destaco que la persona que tiene la capacidad de expresar ideas y sentimientos con asertividad, efectividad, claridad, autoconfianza y control, tiene una ventaja significativa. ¡Quien comunica mejor… Gana!
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