En un mundo cada vez más complejo y cambiante, por la frenética dependencia de las tecnologías y de las plataformas de información digital, periodistas, estrategas y estudiosos de las comunicaciones, han estado advirtiendo algo que en principio podría considerarse obvio y sencillo, pero que no parece comprenderse en su justa medida: no mucha información supone necesariamente buena información.
Al ignorar la importancia de ese principio fundamental, los usuarios de la información tienden a experimentar una sensación de repentino desconcierto y desequilibrio, comparable a lo que sienten los pasajeros de un avión cuando la aeronave es estremecida por una fuerte turbulencia, en lugar de plenitud y claridad para la comprensión y valoración de hechos, y situaciones de interés general y hasta global.
La avalancha informativa, fomentada por periódicos y plataformas digitales que compiten con un enfoque más cuantitativo que cualitativo, no da tiempo ni espacio para hacer de forma concienzuda un ejercicio valorativo, tanto de parte de quienes alimentan esos espacios como de los usuarios que acceden a ellos como fuente primaria de actualización informativa.
En medio de semejante trance, tampoco es posible determinar cuándo estamos en presencia de una información importante y real, y no de una publicación inventada para estimular el morbo y en ocasiones con fines ulteriores y perversos, como distorsionar la realidad y hasta provocar daños económicos o morales a personas e instituciones.
De ahí la importancia de mantenerse esquivo a la hora de informarse para desechar las publicaciones falsas y malintencionadas, que en nada contribuyen a una adecuada edificación, a fin de estar al día de los acontecimientos relevantes y poder entonces tomar decisiones inteligentes y productivas.
Al navegar por un turbulento ciberespacio hambriento de publicaciones que atraigan al público, hay que realizar tremebundo esfuerzo para no dejarse confundir por tantos fake news, y la propaganda de intereses espúreos que utilizan como instrumento la “manipulación de la verdad”.
Ese es, precisamente, el título del libro escrito por Peter Pomerantsev, un galardonado colaborador de London Review of Back, que han ha trabajado además como consultor para la Unión Europea, y cuyos escritos han sido publicados en el Financial Times, New Yorker, y Newsweek.
En este libro, Pomerantsev afirma que “cuando la información es un arma, el mundo está en guerra”, y analiza las estrategias y los intereses para manipular la realidad, que se dan en todos los niveles, desde bots y hackers anónimos, hasta en gobernantes y regímenes.
Otro de los grandes desafíos del tiempo presente es que, paradójicamente, en un mundo de tanta diversidad tecnológica en materia de comunicaciones, también prevalecen acciones destinadas a coartar el libre acceso a medios y fuentes de información, aunque en muchos casos, los intentos resultan fallidos porque las noticias fluyen y llegan al público por una amplia gama de vías.
El principio básico que debe prevalecer en sociedades libres y democráticas, y con mentalidad de apertura y nunca de exclusión, es que los ciudadanos tengan siempre la posibilidad de seleccionar dentro de opciones abiertas y atendibles, de acuerdo a sus particulares criterios y opiniones en todos los órdenes del conocimiento y de los hechos.
Las prohibiciones, obstáculos o límites a la difusión amplia y plural a través de medios de comunicación, sea por motivos económicos, políticos o de competencia mal concebida, tienden a producir por igual efectos trastornadores para la libertad y la elección o selectividad a que tiene derecho el público.
Las imposiciones y condicionamientos en cuanto a informaciones, opinión pública o cualquier tipo de manipulación mediática, son inadmisibles y quienes las intentan subestiman, ya sea desde el estamento estatal o privado, la capacidad de la gente de advertir la forma en que se les trata de dirigir en su conducta.
Forma de pago: transferencia o depósito en el banco BHD León a la cuenta 27190380011