La famosa Responsabilidad Social Empresarial (RSE), también conocida como Responsabilidad Social Corporativa (RSC), ha sido un concepto central en el mundo empresarial durante décadas. Sin embargo, la evolución del contexto global, y las reflexiones sobre en qué posición se encuentra la empresa en el tablero mundial, exigen un enfoque renovado: el de la sostenibilidad empresarial. Y es que, cuidar la sociedad, la economía y el planeta ya no es una cuestión de responsabilidad, sino de orientación, objetivo y fin para las empresas. Cualquier empresa que no entienda este precepto, no tendrá futuro. De hecho, según un estudio ODS, sobre Rentabilidad económica y Agenda 2030, las compañías que priorizan la sostenibilidad obtienen ventajas competitivas.
La Responsabilidad Social Corporativa o Responsabilidad Social Empresarial se refiere a las acciones voluntarias que las empresas llevan a cabo para gestionar sus impactos.
Se basa en acciones destinadas, en su mayoría, a la mejora de la reputación de la empresa como iniciativas filantrópicas y actividades periféricas que no están en el centro empresarial. Unas actividades que cumplen más las expectativas externas en lugar de abordar las causas subyacentes de los problemas sociales, ambientales y económicos.
Por ejemplo, algunas acciones que se implementan en la RSE o RSC tienen que ver con programas de voluntariado o donaciones a organizaciones benéficas.
Aunque diversos autores disciernen en el nacimiento de la RSC, como acción concreta de las compañías, citando a múltiples actores desde hace siglos, la mayoría de las teorías atribuyen el nacimiento del término “Social Responsability of a Businessman” al economista estadounidense Howard Bowen, en 1953. Un término que se originó por la presión social sobre las empresas para que actúen de manera ética y responsable.
Para tener un ejemplo, en España, se implementaría a partir de los años 90, pero tardaría varios años en ganar popularidad. De hecho, en 2006, tan sólo un 14,8% de las empresas afirmaban emprender proyectos de responsabilidad social empresarial (RSE), centrados principalmente en medioambiente, formación y liderazgo femenino. Afortunadamente, el panorama empezó a cambiar rápidamente y para 2008, más de la mitad de las compañías ya conocían el concepto de RSE y comenzaban a integrar prácticas sostenibles en sus operaciones diarias.
Sin embargo, los desafíos globales se intensificaron y las expectativas sobre la responsabilidad de las empresas en los mismos aumentaron. Ya no sólo valía aquello de “cumplir o explicar” sino que debían ser actores principales en la búsqueda de un planeta, una sociedad y una economía más sostenible. Es entonces cuando la sostenibilidad deja de ser un complemento para convertirse en parte integral de la estrategia empresarial.
Entre los catalizadores del cambio, se han detectado tres claves:
· Integración de la sostenibilidad en los procesos:
se deja de entender como un aspecto aislado y se integra en las operaciones empresariales.
· Identificación de las ventajas competitivas: como, por ejemplo, la reducción de costos, la mejora de la reputación, la atracción de inversores, la apertura de mercados y la llegada de clientes con valores sostenibles.
· Desarrollo de marcos fundamentales: con la aparición de marcos como el Acuerdo de Paris y la Agenda 2030 se proporciona una guía clara y objetivos específicos para el trabajo conjunto de todos los actores, incluidas las empresas.
Sostenibilidad empresarial: una respuesta necesaria
Conscientes del papel de las compañías en el logro de los desafíos que la Agenda 2030 planteaba, la sostenibilidad empresarial o corporativa fue más allá de la Responsabilidad Social Empresarial. De esta forma, este enfoque no sólo se centra en el presente, sino que se extiende hasta el futuro, buscando preservar y mejorar los recursos actuales para tener un impacto positivo en las generaciones futuro.
La clave para ello: integrar los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) y los Diez Principios del Pacto Mundial de la ONU, en el corazón de las estrategias en lugar de quedarse simplemente en acciones aisladas. Es decir, convertirse en empresas sostenibles que trabajan por generar un impacto positivo en la sociedad y el planeta, sin olvidar la economía. Porque entre sus beneficios, un valor principal es que la relación la sostenibilidad impacta positivamente en la rentabilidad de las compañías.
En cuanto a las acciones en las que se basa la sostenibilidad, encontramos, entre otras, el desarrollo de productos sostenibles, la integración de la sociedad en procesos participativos o la transición justa de las cadenas de suministro.
Forma de pago: transferencia o depósito en el banco BHD León a la cuenta 27190380011