No postergues. AVANZA

Si postergas, pierdes… La vida me ha enseñado, una y otra vez, el alto precio de postergar. Desde mi amor por el vino, nacido en los años 90, soñé con tener mi propia vinera: un símbolo de disfrute, de momentos y de celebración. Pero siempre esperé “el momento perfecto”: el espacio ideal, la remodelación terminada, la mudanza… siempre había un “cuando”.

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December 18, 2025

Hoy, tengo la vinera soñada, regalo generoso de mi madre, reluciente y vacía. El problema: ya no puedo tomar vino por motivos de salud. Postergué tanto, que cuando al fin tuve lo que deseaba, la vida me había quitado la posibilidad de disfrutarlo.

Esta historia no trata de un mueble ni de una bebida, sino de una lección profunda: la vida no espera condiciones perfectas. El único momento garantizado es el presente.

No postergues. Avanza. Si postergas… pierdes

No tengo otra manera de comenzar este artículo. La vida me lo ha enseñado y me ha hecho pagar con creces infinitas veces…

Aquí les relato mi prueba más reciente sobre el alto precio
de postergar…

Desde que inicié en el maravilloso mundo del vino, a propósito de mi viaje a España para estudiar a finales de los 90, nació en
mí un profundo amor por esta bebida y, con él, un sueño aspiracional: quería tener una vinera.

No una botella ni un par de copas, sino una cava propia. Soñaba con ese mueble que prometía coleccionar no solo caldos, sino también momentos, celebrando el goce de la vida. A veces, coqueteaba con una pequeña cava climatizada, un sueño aún menos alcanzable, pero igualmente deseado y que simbolizaba la culminación de ese placer.

Fui postergando la compra de la vinera. La verdad es que esperaba el lugar ideal, el rincón perfectamente iluminado, el ambiente justo para que aquel objeto de deseo brillara con toda su promesa. Buscaba la perfección del escenario antes de adquirir al protagonista. “Cuando termine la remodelación”, “Cuando mude los muebles”, “Cuando consiga ese sitio exacto” …  “Cuando nos mudemos al nuevo apartamento” … siempre había un “cuando”.

Hoy, la ironía se ha sentado a mi mesa. Ya tengo el espacio ideal. Y mi vinera soñada, regalo generoso de mi madre, está allí, reluciente y vacía, a la espera del momento de la celebración. El problema es que ya NO puedo disfrutar del vino. Por temas de gastritis, y salud en general, esa bebida que tanto anhelaba, y que consideraba el néctar más exquisito del mundo, hoy me sienta mal. Es una restricción médica, un “no” que anula décadas de anhelo.

Así, postergué tanto el acto de adquirir el bien que, cuando por fin llegó y encontré su lugar perfecto, el tiempo, en su implacable avance, ya me había despojado de la capacidad de disfrutarlo. La vinera es un monumento a un placer negado, un símbolo mudo de
“lo hice tarde”.

Esta historia va más allá de un mueble y una bebida. Es una bofetada de realidad que nos recuerda que la vida no espera a nuestras condiciones perfectas. El presente es el único momento garantizado.

No postergues. AVANZA. 

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