En el sector legal se habla cada vez más de marca personal. Conferencias, rankings, entrevistas y presencia en medios, forman parte del posicionamiento de los abogados en el mercado. Pero hay una conversación más estratégica que las firmas deberían empezar a tener: no basta con que las abogadas sean visibles, también necesitan acceso real al poder comercial.
La pregunta no es menor. Diversos estudios sobre liderazgo corporativo han demostrado que la diversidad en los equipos directivos impacta positivamente en la rentabilidad y el desempeño de las organizaciones.
Como consultora de marketing legal, he trabajado con varias firmas en la región. En muchas de ellas, he conocido socias extraordinarias: abogadas con gran liderazgo, relaciones sólidas con clientes y una influencia clara en la estrategia de negocio. Sin embargo, también he observado una dinámica que todavía aparece en algunas estructuras tradicionales.
Muchas abogadas llegan a la sociedad gracias a su excelencia técnica. Son rigurosas, meticulosas y altamente especializadas. Su capacidad jurídica es incuestionable. Pero cuando analizamos quién controla las relaciones estratégicas con los clientes, o quién origina los asuntos de mayor valor, la distribución no siempre refleja ese mismo equilibrio.
Históricamente, el modelo de las firmas ha premiado la originación de negocio por encima de la ejecución. Y originar negocio requiere más que habilidades legales: redes sólidas, acceso temprano a clientes clave, patrocinio interno y posicionamiento estratégico.
En la práctica, muchas abogadas desarrollan estas capacidades con gran éxito. Sin embargo, en algunos entornos, todavía deben hacer un esfuerzo adicional para ser escuchadas o para liderar relaciones comerciales estratégicas. No se trata de falta de talento, sino de cómo se distribuyen las oportunidades y el capital relacional dentro de las firmas.
En el desarrollo de negocios, también existen dinámicas particulares. Algunas abogadas comparten experiencias, donde conversaciones profesionales con potenciales clientes, derivan en interacciones poco serias o ambiguas, lo que genera frustración y pérdida de tiempo. Aunque no define toda la experiencia, sí puede afectar la energía que requiere construir relaciones comerciales sostenidas.
Al mismo tiempo, es importante reconocer que en la República Dominicana existen firmas donde mujeres ocupan posiciones de liderazgo muy relevantes, e incluso, han fundado y desarrollado firmas altamente exitosas. Estos casos demuestran algo importante: cuando las mujeres tienen acceso pleno a decisiones estratégicas y relaciones comerciales, el impacto en el crecimiento de la firma es tangible.
Aquí es donde el marketing deja de ser un departamento auxiliar y se convierte en una herramienta de poder estratégico. En muchas firmas, las decisiones sobre posicionamiento, visibilidad y liderazgo intelectual, influyen directamente en quién se proyecta frente al mercado como referente.
Muchas organizaciones afirman apostar por la diversidad, pero su narrativa institucional todavía muestra un perfil muy homogéneo. ¿Quién lidera las propuestas? ¿Quién aparece en entrevistas o es presentado como experto frente al mercado? La visibilidad estratégica no es un detalle reputacional: es una señal clara de quién representa el liderazgo de la firma.
El desarrollo de negocio no es agresividad, es construcción de confianza y relaciones a largo plazo. Y muchas abogadas ya dominan esa capacidad de manera natural. El reto para las firmas está en crear sistemas que amplifiquen ese talento: revisar cómo se asignan oportunidades frente al cliente, cómo se forman los equipos comerciales, y cómo se distribuye la visibilidad institucional.
Por eso, la conversación sobre liderazgo femenino en el sector legal no debería centrarse únicamente en cuántas mujeres llegan a socias. La pregunta más estratégica es otra: ¿cuántas participan activamente en la generación de negocio, y en la construcción de relaciones estratégicas con clientes?
Ahí es donde realmente se define el poder dentro de una firma.
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