La vida no es una línea recta, tiene curvas, montañas, cordilleras, subidas y bajadas. No siempre estamos bien. Hay días buenos y malos, y a veces hay temporadas completas en que sientes que una avalancha te está arrastrando. La diferencia está en si te dejas arrastrar o luchas hasta salir a flote.
Hace un mes tuve un episodio de insomnio fuerte. Me despertaba a las 3:00 am, y no lograba conciliar el sueño nuevamente. Cuando esto pasa un día, puedes lidiar ese periodo de tiempo con estar un poco más cansada de lo habitual.
Pero, cuando pasan semanas con esta situación, todo cambia. Me pasaba el día cansada, irritada, con migrañas constantes.
No sabía qué hacer. Busqué un playlist de música para dormir, soltaba el teléfono antes de acostarme, tomaba pastillas para dormir, y aún así me seguía despertando a las 3:00 am, como si tuviera una cita a esa hora…
Me dijeron que era parte del duelo (por la muerte de mi padre). Y, aunque para muchos era normal, yo
necesitaba descansar.
Pero, tenía mucho trabajo por delante y responsabilidades familiares, con las que cumplía, aunque no tuviese la motivación en el momento.
Un sábado, fui a una actividad por el día de las madres, con la Fundación Libélulas. Uno de los ejercicios de la actividad era escribirle una carta a Dios. Al escribir cada palabra, sentía que descargaba todo lo que tenía en mi corazón. Pero, lo principal que pedí, fue paz.
Esa misma semana, ¡recibí la paz que había pedido!, y comencé a dormir mis ocho horas.
Unas semanas después, estábamos frente a uno de los proyectos que veníamos trabajando, la conferencia “Conquista tu Everest”, con el montañista de élite, Iván Gómez. Escuchar su historia, fue la inyección de motivación que me hacía falta en esta parte del año, cuando siento que todo pesa, que todo cansa.
Conocer la historia de otra persona que ha tenido grandes logros, pero que, al mismo tiempo, ha pasado por grandes desafíos y retos, entre esos, la pérdida de seres queridos, el mensaje de que se puede, ¡te llega fuerte y claro!
Que las metas se logran con pasión, perseverancia, sacrificio y fe. Que la vida es una montaña, y para llegar a la cima, hay que mantenerse subiendo y bajando para aclimatarse.
La cima no se logra en un solo día y, a veces, cuando crees que estás a punto de llegar, tienes que volver a bajar. Que hay que ser disciplinados, pero también hay que ser humildes. Escuchar a los que más saben. No subestimar a nadie.
Cada uno de nosotros tenemos nuestras propias montañas, es parte de la vida. Si vivieras en un valle, en línea recta, sería muy aburrido… La aventura está en mantenerse subiendo y bajando, hasta poder llegar a la cima y disfrutar del paisaje.
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