Desde la invención del automóvil a finales del siglo XIX, siempre se tuvo en consideración brindar facilidades a los que adquiriesen dichas unidades para que por si mismos pudieran realizar las reparaciones pertinentes sin mayores complicaciones. De hecho, décadas después, se instauraron grandes manuales de usuario que inclusive indicaban cómo calibrar válvulas, reajustar el tiempo de encendido, y realizar reparaciones de mantenimiento relativamente sencillas, desde la comodidad del hogar, y sin mayores conocimientos técnicos para realizarlas.
No obstante, en las últimas décadas, hemos visto un comportamiento desde los fabricantes que busca exactamente lo contrario. De hecho, hoy día, hay vehículos tan “blindados” en cuanto a reparaciones se refiere que, inclusive, ni siquiera permiten que levantes el bonete (capó) para realizar verificaciones rutinarias, en cambio, exigen visitas recurrentes a los talleres de los representantes autorizados de la marca a fin de que estos puedan realizar los trabajos correspondientes.
Naturalmente, el caso precedentemente indicado, es el más extremo, pero hoy día existe una cantidad de vehículos enorme en los cuales, para reparaciones tan simples como reemplazar una batería de 12 voltios (convencional), amerita que tengas que reprogramar el vehículo con una herramienta de diagnóstico especializada para la marca. Esta situación ha causado que, hasta para el reemplazo de focos o bombillos haya la necesidad de realizar este procedimiento, creando barreras ineludibles que impiden que, como usuario, puedas realizar estas simples reparaciones.
Cabe destacar que, en países como Estados Unidos, este es un tema bastante debatido que ha trascendido a tribunales. Recordemos que ese gran país siempre ha tenido dentro de su cultura el DIY “do it yourself” o “hágalo usted mismo”, permitiendo, inclusive, que este tipo de iniciativas de reparación de vehículos se vuelva algo de relevancia en los vínculos familiares de padre a hijo, lo cual, bajo los esquemas modernos automotrices, se ha vuelto prácticamente imposible para algunos modelos.
Pero, estas disputas legales sobre el derecho a reparar (Right to Repair) no suelen ser demandas individuales, sino batallas antimonopolio y demandas colectivas impulsadas por asociaciones y estados contra los fabricantes por bloquear el acceso a herramientas de diagnóstico, software y datos telemáticos de los vehículos. Algunos ejemplos de esta situación lo vemos en el caso contra John Deere, que si bien es cierto es un fabricante de productos agrícolas, bloqueó reparaciones con encriptaciones de software culminando en demandas colectivas y presión del gobierno estadounidense, sentando un precedente legal importante.
Por su parte, en el caso de Massachusetts, los fabricantes (agrupados en asociaciones como la AAI) demandaron a los gobiernos estatales para frenar leyes que obligan a compartir información de reparación. Un hito ocurrió cuando un juez federal en Massachusetts desestimó la demanda de la industria, y aprobó la estricta ley estatal que exige a las marcas el acceso a datos telemáticos.
Finalmente, pese a todos los esfuerzos, estamos cada vez más restringidos de poder realizar reparaciones fuera del concesionario en nuestros vehículos modernos, lo cual no es más que una obligatoriedad para utilizar sus servicios y pagar elevadas sumas de dinero a estos por la utilización de softwares para temas, tan mínimos y simples, como cambiar una bombilla, una batería, o inclusive, realizar un reinicio posterior a un cambio de aceite. Esperemos los resultados hacia futuro, pero, particularmente, me luce
que los tiempos de reparaciones de garaje quedarán como recuerdos para la historia.
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