La “nueva” vieja economía detrás del boom de la Inteligencia Artificial

La IA puede comenzar en un “chatbox”, pero termina en una subestación eléctrica. Entre ambos extremos, hay una cadena de valor que incluye semiconductores, servidores, fibra óptica, centros de datos, transformadores, sistemas de enfriamiento, generación eléctrica y bienes raíces especializados.

La explosión de la Inteligencia Artificial en los últimos años es evidente, especialmente, al observar el crecimiento extraordinario de empresas como NVIDIA, Broadcom, TSMC y Arista Networks, protagonistas de la llamada “Nueva Economía”. Del mismo modo, compañías como Google, Meta, Microsoft, OpenAI y Anthropic están redefiniendo la manera en que trabajamos, investigamos y consumimos información.

Sin embargo, existe una dimensión menos visible de esta revolución tecnológica. Sorprendentemente, la IA también está impulsando el crecimiento de empresas de la “Vieja Economía”, incluyendo compañías eléctricas, fabricantes de sistemas de climatización, productores de minerales industriales y operadores de infraestructura.

Un titular del Wall Street Journal llamó poderosamente mi atención: “NextEra Energy adquirirá Dominion, creando un gigante del sector eléctrico”. La noticia me llevó a reflexionar sobre cómo sectores tradicionales de la economía están soportando silenciosamente buena parte del auge de la IA, que percibimos a través de una imagen generada al estilo “Ghibli”, una consulta en ChatGPT, o una investigación elaborada por Claude. Resulta casi irónico que una de las tecnologías más disruptivas de nuestra era dependa tan intensamente de industrias centenarias.

Para comprenderlo mejor, conviene visualizar la cadena de valor de la IA. Los usuarios acceden a plataformas como ChatGPT, Claude, Copilot o Gemini. Detrás de ellas, existen gigantes de computación en la nube, como Microsoft Azure, Amazon Web Services y Google Cloud, que operan o alquilan capacidad en centros de datos de última generación. Estos centros son desarrollados por las propias tecnológicas o por inversionistas especializados como Brookfield, KKR, Blackstone y Macquarie.

A su vez, los centros de datos requieren terrenos, edificaciones industriales, conectividad y, sobre todo, enormes cantidades de electricidad. Detrás de cada consulta de IA, existe una compleja red de activos físicos pertenecientes a sectores tradicionalmente asociados
con la vieja economía.

El eslabón más crítico de esta cadena es la electricidad. Los centros de datos consumen cantidades extraordinarias de energía. La Agencia Internacional de Energía estima que su consumo eléctrico podría más que duplicarse durante esta década, alcanzando unos 945 teravatios-hora en 2030, una cifra ligeramente superior al consumo actual de Japón, y más de 40 veces el consumo anual de electricidad de la República Dominicana.

Esta realidad está transformando el panorama para las empresas eléctricas. Durante años, muchas operaron en mercados maduros y de crecimiento moderado. Hoy, la necesidad de alimentar centros de datos impulsa inversiones multimillonarias en generación, transmisión y almacenamiento. NextEra Energy Resources reportó cerca de 30 GW en nuevos proyectos contratados, de los cuales, unos 6 GW —alrededor del 20%— estaban destinados a clientes tecnológicos y centros de datos; solo esa porción equivale a una vez y media la demanda pico de electricidad de la República Dominicana.

Pero la electricidad es apenas el comienzo. Los servidores generan enormes cantidades de calor y requieren sofisticados sistemas de climatización. Por eso, empresas como Trane Technologies, Carrier y Johnson Controls, se han convertido en participantes esenciales de la economía digital. Trane, por ejemplo, recientemente, reportó órdenes de compras pendientes de entrega superior a US$10,700 millones.

El mismo fenómeno se observa en la infraestructura eléctrica. Cada nuevo centro de datos requiere transformadores, subestaciones, sistemas de respaldo e importantes volúmenes de cableado, beneficiando a empresas como Eaton y Schneider Electric. Desde 2020, Trane ha registrado un crecimiento compuesto de ingresos cercano al 12% anual, mientras Eaton y Schneider han acelerado su crecimiento hasta niveles cercanos al 10%, impulsados por centros de
datos y electrificación.

Incluso, la minería y materiales vuelven al centro de discusiones geopolíticas, ejemplo de esto, el creciente enfoque en las “tierras raras”. En el caso del cobre, indispensable para redes eléctricas y transmisión, se ha convertido en un insumo estratégico de la revolución tecnológica.

La IA puede comenzar en un algoritmo, pero termina en una planta eléctrica, un sistema de enfriamiento, un transformador y una mina de cobre.
Esa es la gran ironía: la tecnología más avanzada de nuestra era depende cada vez más de los pilares de la vieja economía. 

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