Aproximadamente, el 5 % de la población mundial, de 6 a 16 años, padece del Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), según la Liga Latinoamericana para el estudio del TDAH. Sin embargo, sólo el 10 % de los niños que padecen este trastorno han sido diagnosticados correctamente. ¿Cómo se diagnostica el TDAH? Conversamos con la directora de la Escuela de Psicología de la Unphu, Ivonne Guzmán, quien nos revela que el diagnóstico temprano es fundamental
La impulsividad y falta de autocontrol son algunos de los signos que identifican a un niño con hiperactividad y déficit de atención. Sin embargo, no todos son impulsivos. Por eso, el diagnóstico debe venir de la mano de una historia clínica.
¿Cómo fue el embarazo de ese niño? ¿La madre ingería alcohol? ¿Tuvo alguna pérdida? ¿Estuvo expuesta a violencia? ¿Alguien en la familia tenía el trastorno? Son algunas de las preguntas a la que los expertos le buscan respuesta.
A medida que los niños van creciendo, nos van dando información sobre ellos. Cuando el infante tiene dos años, los padres suelen decir: ‘este niño se mueve mucho’. Sin embargo, al entrar al colegio, la maestra comienza a percibir el comportamiento o que el niño no se concentra.
“Los niños, en la primera infancia, están buscando información para integrarla, pero cuando entran a la escolaridad, que los maestros, que son los primeros que comienzan a identificar que hay patrones que no están dentro de la normalidad esperada de ese ciclo vital, comienzan a ver las señales de alerta.
Ese niño, que cuando se está en la ronda, en el círculo, la maestra tiene que captar la atención de manera más focalizada, porque siente que tiene la mirada un poco perdida, que no sigue la secuencia.
Ese niño que le cuesta poner atención y dar seguimiento a las normas, ¿cuáles son las normas? Hacer una fila, sentarse; a la hora de descanso, quedarse relajado, pero a ese niño le cuesta. Entonces, esas señales llaman la atención de los docentes y llaman a los padres. Los padres muchas veces van dando por enterado que esas manifestaciones están en el hogar, pero muchos no tienen identificado que hay una patología en su niño”, afirma Ivonne Guzmán, directora de la Escuela de Psicología de la Unphu, entrevistada por revista CONTACTO.
El TDAH se trata por un equipo multidisciplinario, donde participan un psicólogo, un psiquiatra, un neurólogo y un pediatra.
“Independientemente de la patología, mientras más temprano se descubre, mejor pronóstico tiene el niño o la niña. Ya sabemos que no tenemos que pegarte cuando nos sentamos a leer, porque sabemos que no es que no quiere leer. Este es un trastorno que tiene un impacto en el neurodesarrollo; compromete la atención, que es el primer indicador; compromete la memoria y, por ende, va comprometiendo el lenguaje”, afirma la psicóloga.
Doctora, ¿cómo debe ser tratado un niño con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)?
“Se debe realizar un abordaje integral. Esto incluye la parte especialista médica. Por lo regular, a estos niños hay que medicarlos, dependiendo del grado que pudiera estar presentando del trastorno. De moderado a grave, hay que medicarlo, y esto va a generar unos cambios que son muy abruptos con relación a lo que los padres tienen en su hogar. Este niño puede bajar el apetito. Entonces, hay que trabajar un plan de alimentación con un pediatra para acompañar este proceso de la farmacología que se está utilizando.
Si al niño hay que medicarlo, hay que preparar todo un plan, porque después, la mamá va a decir: ‘ahora este no se mueve, está como un zombi’. En ese caso, hay que buscar el balance.
Además de esto, hay que psicoeducar a los padres, porque sabemos que en República Dominicana no hay un estilo de crianza definido, sino que cada familia va construyendo su estilo de crianza.
Muchos padres se vuelven muy permisivos, porque comienzan a justificarlo diciendo: ‘el pobrecito, hay que entenderlo’. Y esto no ayuda. Esto lo que refuerza es la conducta de inestabilidad, la conducta de impulsividad y de reactividad. Esto va a tener consecuencias en el ámbito escolar, porque los maestros van a tener la constante queja de los compañeritos de que ‘fulanito me pegó’, que la mamá quiere una cita porque ‘fulanito le pegó’, le tomó los materiales, etc. Pero también está el padre que es muy rígido, el que utiliza el castigo, y los padres a veces se desesperan, y más que acompañar a ese niño en el sistema de afrontamiento de un trastorno, lo que hace es que lo golpea o generan modelos de intervención que no son sanos.
Por ejemplo, un tiempo fuera, pero lo dejan en la habitación tres horas. El tiempo fuera se utiliza de manera estratégica, partiendo de las edades que tienen los niños. Por ejemplo, un niño de cuatro años, no lo pueden dejar un tiempo fuera de una hora en una habitación. ¿Qué se propone? Que los padres reciban una psicoeducación. Se tiende a recomendar la terapia familia, porque se tienen que cambiar las transacciones que se están utilizando en el hogar, entendiendo que hay que ayudarlo a que genere su autonomía, que logre tener las habilidades sociales y de autocontrol”.
¿Cómo se debe hacer la historia clínica del niño?
“Cuando hacemos la historia clínica, tenemos que buscar hacia arriba y hacia los lados, si hay hermanos. A papá, a mamá, a los tíos, a los abuelos, cómo se dieron esos procesos de aprendizaje, pero también puede darse alguna condición en su neurodesarrollo. Hay una particularidad de que hay trastornos que son muy similares a determinadas patologías. Por ejemplo, un niño con problema de hipotiroidismo, va a tener los mismos signos que el trastorno por déficit de atención. Por eso, se hace a través de un grupo multidisciplinario, porque un psicólogo no va a indicar que se mida su tiroides, pero un pediatra sí. Se revisa la alimentación, si hay anemia, porque la anemia puede generar determinados patrones de conducta. Si el niño es asmático, qué medicamento está consumiendo… Si la madre durante el embarazo tuvo alguna ingesta de alcohol o estuvo expuesta a situaciones traumáticas, como violencia o mucho manejo de estrés; pérdidas, todo eso va a afectar el sano desarrollo de la gestación de un bebé”.
¿Cómo deben manejar los centros educativos la situación?
“El trabajo multidisciplinario debe impactar el centro educativo, también, porque los maestros no son psicólogos. A veces, los centros educativos trabajan un sobrediagnóstico y hay que tener cuidado con eso. Para nosotros, en psicología, en psiquiatría, en neurología, lo más importante es generar una buena historia clínica, irnos a esos antecedentes.
Lamentablemente, los colegios dan los diagnóstico con una parte de la historia, sin tener la certeza. Entonces, es importante identificar de que hay un trastorno de déficit de atención con hiperactividad, que puede ser cargado biológicamente: puede ser cargado por alguna situación de su neurodesarrollo, o por algún factor psicosocial.
Entonces, cuando se tiene un diagnóstico, hay que preparar un plan para el colegio, porque hay que hacer ciertas modificaciones. Ese niño no puede sentarse en la última fila, ni sentarse al lado del niño que más se mueve, o del niño que la mamá es la más ‘apoyadora’, o del papá que es muy rígido y tiene un hijo que hace bullying.
Como centro educativo, tiene que preparar el escenario para que ese niño pueda insertarse como uno más del grupo. El salón de clases debe estar acorde a la condición del niño. No puede tener una pared como si fuera un museo, porque cuando la maestra esté explicando 3 x 4, el niño no va a estar mirando 3 x 4, va a estar mirando el sol que está pegado en la pared, y ese niño se va a distraer. Por eso, hay que tenerlo delante, cerca”.
¿Qué actividades puede realizar un niño con TDAH?
“El ajedrez ayuda bastante. También ayudan los juegos de mesa, los rompecabezas, las sopas de letra, que les permita tener el foco. El tema de las artes marciales también, porque hay un proceso de relajación, de concentración y de disciplina, que va a favorecer que el joven logre crear ese patrón de estabilidad”.
Los padres
Dra. Ivonne, ¿cómo se trabaja a los padres que están negados en aceptar que su hijo tiene una condición?
“El tema de un padre o una madre que muestra resistencia, lo que impide es que se pueda gestar un buen plan de intervención. Para los padres recibir un diagnóstico, y más cuando el padre considera que su hijo está libre de patología, es algo complejo y no favorece a que el niño pueda superar la problemática.
Se recomienda el abordaje integral, mientras los niños están en el proceso terapéutico, los padres también deben estarlo.
Recomendación: la intervención no solo de los niños, sino también de los padres.
Los factores psicosociales influyen: una madre soltera maneja más estrés; un hijo único causa una frustración, una decepción, porque ‘yo tenía una proyección del futuro de ese hijo único, que ahora mismo una maestra o una psicóloga me dice que mi hija no va a poder’. Y todas esas frustraciones van a tener un impacto. La recomendación es la intervención del sistema completo”.
¿Qué sucede cuando el niño crece sin ningún tipo de ayuda psicológica?
“Cuando vemos niños que están en la pubertad, hay un proceso de la misma dimensión física, cognitiva, que si está comprometida la atención, el grado de impulsividad es muy alto, se va a ver reflejado en la conducta… Pero cuando no es abordada de manera correcta, se puede dar que el caso cruce para otra patología cuando el niño esté más adulto y que sea alguien que tenga un patrón de conducta negativista desafiante.
Es ese que no tiene el freno, el control para respetar las normas, para seguir las órdenes, para asumir tareas que son propias de su desarrollo, y en el peor escenario, algún trastorno de conducta. Esos niños que tienden a tener comportamiento de crueldad, tienen bajo nivel de empatía. Cuando tenemos a un niño, hasta los siete años, que ha sido diagnosticado con un trastorno de déficit de atención con hiperactividad, a los padres se recomienda que actúen de inmediato y se cree todo un plan. Un plan para la familia, un plan para el chico y un plan para el centro educativo. Mantener ocupado a ese chico en actividades que sean de dominio y de agrado. Si le gusta el fútbol, hay que ponerlo en el fútbol. Porque el hecho de que pueda correr y defender una pelota, esto pudiera potencializar un autocontrol y liberar ciertas energías, porque va a tener que trabajar en equipo, va a tener que esperar cuando lo saquen a descansar, cuando cometa una falta va a tener que aprender a asumir consecuencias por cometer una falta, y todo esto lo que hace es que beneficia el desarrollo”.
¿Qué opina del uso de dispositivos en niños que padecen TDAH?
“Estos niños que tienen estas patologías, muchas veces, los padres utilizan una especie de sedante; le dan un dispositivo móvil para que el niño se tranquilice y eso le va creando un desbalance, porque no es que él se está autocontrolando, él está realizando una actividad que le agrada y está un tiempo fuera de esa actividad de estar molestando, saltando… pero en el colegio, no le van a dar un celular, y ¿qué pasa cuando le vas suprimiendo los dispositivos, por recomendación psicológica o académica? Se vuelve un bumerán, porque ya el muchacho no quiere estar sin el aparato, porque aprendió a gratificarse a través de eso. Eso genera compulsiones, irritabilidad, malcriadeza, que el niño le falte el respeto a sus padres o a su profesor”.
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