Llamadas ahora “fake news”, las noticias inventadas con el deliberado propósito de confundir y distorsionar realidades hasta de naturaleza política en la lucha de poder, pero también como reflejo de frustraciones e ideas absurdas sobre el curso de la vida y su razón de ser, constituyen una aberración, una plaga que atenta contra la buena información, llamada a orientar, crear conciencia y contribuir a la toma de decisiones inteligentes y responsables.
Es un tema de mucha preocupación y debate por tratarse de un fenómeno en constante crecimiento a nivel mundial, ante el auge alcanzado en redes sociales y las diferentes plataformas en que operan.
En medio de esta vorágine comunicacional, grandes diarios y medios digitales, se esfuerzan por preservar la credibilidad, piedra angular del periodismo serio y responsable que aspira a perdurar en la receptividad y aprecio de lectores, cibernautas, televidentes y radioescuchas.
En talleres y seminarios, este tema es objeto de análisis para tratar de hurgar entre las causas que estimulan y fomentan las noticias falsas, y ver en qué forma esta tendencia puede ser enfrentada o cuando menos atenuada.
Se trata de una situación que se ha tornado cada vez más complicada para los medios tradicionales, porque la información está cada vez más bajo el dominio de los nuevos públicos, cuyos predecesores en décadas pasadas eran sólo pacientes receptores, sujetos a las noticias que recibían por diversas vías.
Ante estas nuevas realidades que, pese a sus contrapuntos y complejidades, no pueden ser ignoradas, existe en la actualidad un creciente empeño en enfocar las redacciones tradicionales hacia un entorno digital que permita establecer sintonía con los jóvenes y por esa vía atraerlos hacia los medios impresos serios, creíbles y responsables, estimulando el hábito de lectura como idóneo mecanismo para la apropiación de conocimiento.
En los debates, y opiniones en que coinciden periodistas, directores de medios tradicionales y estrategas en comunicación, la información falsa concita mucha atención y como respuesta se plantean propuestas muy sugerentes sobre la manera de contrarrestar una tendencia, que es creciente y aberrante, pero no irremediable.
La exdirectora del periódico El País, Soledad Gallego-Díaz, ofrece una receta digna de ponderación. La veterana periodista recomienda a los medios tradicionales que asumen con rigor la búsqueda de la credibilidad, fortalecer sus agendas propias como mecanismo eficaz de lucha contra la desinformación.
Ese punto es ampliamente debatido pero no ha logrado traducirse en acciones concretas y bien articuladas, porque muchos medios aún no acaban de entender que para sobrevivir y reinventarse deben dejar atrás el viejo esquema de meros registros de datos y declaraciones, que tienen que enfocarse más a la crónica, al análisis profundo y rehuir la superficial y enajenante banalidad.
Asimismo, frente a lo que califica de “armas de distracción masiva”, en obvia referencia a la avalancha de las informaciones en las redes, no siempre certeras ni confiables y en ocasiones dirigidas con fines interesados y dañinos, Gallego-Díaz recomienda elaborar información buena y atractiva, en otras palabras, propender a un esfuerzo continuado de mejora en los contenidos, porque en su opinión no tiene sentido pasarse la vida desmintiendo las mentiras de los demás.
Como han sugerido tratadistas de la moderna gerencia informativa, los desafíos deben asumirse como oportunidades de readaptación, que bien ejecutadas pueden producir notables avances. Esa parece ser la visión de Gallego-Díaz sobre la suerte de la prensa escrita, ya que en su opinión el camino hacia el futuro no supondrá la desaparición del periódico de papel, como lo han demostrado grandes diarios europeos que se mantienen vigentes y actualizados.
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