Comunicar se le da de forma natural. Es una mujer con la mirada puesta en las causas justas y en hacer oír la voz todos. Está abierta a los cambios, no se victimiza ante las situaciones que le presente la vida, todo lo contrario, las aprovecha para seguir creciendo y renovarse. Señoras y señores: ¡Edith Febles!
Esta periodista es una mujer con gran sensibilidad humana, preocupada por el bien común, que entiende que su trabajo es una labor social con la que busca que las minorías tengan acceso a ser escuchadas. Edith Febles está consciente del poder que tienen los medios de comunicación y del poder que tiene un micrófono en su boca, sin embargo, no le gusta abusar de ese privilegio.
Al mismo tiempo, esta mujer, nacida en El Seibo, conoce los riesgos y la responsabilidad que asume al hacer denuncias. No obstante, las hace con entereza, porque sabe que está cumpliendo con su labor de informar.
“Yo pienso que los periodistas, cuando trabajamos más horas de la que son necesarias, tenemos que pensar que no lo estamos haciendo por ninguna empresa: lo estamos haciendo por un servicio público, en el que tú crees”, afirma Edith Febles, al ser entrevistada por revista CONTACTO en MStudio, de Mediáticos Consultores.
Edith es una mujer amante de la cocina, de las plantas, de leer y de ver una buena serie. Afable, conversadora y una persona que “no espera nada de nadie”, como ella se define.
¿Por qué decidiste que querías ser periodista?
“Yo recuerdo que mi meta no era ser periodista, aunque sí amaba la comunicación, porque tuve la grandiosa posibilidad de empezar en la radio muy jovencita, y desde que entré a la radio, fue como una magia el sentir que podía sintonizar con la gente. Básicamente es eso. No es que la gente sintonice contigo, es que tú sientas que puedes sintonizar con ellos. Aunque tuve posibilidad, becada, para estudiar otra cosa, esto era lo que me llamaba la atención”.
¿Cómo fueron tus inicios en el periodismo?
“Cuando salgo de El Seibo, que comienzo a trabajar en informativos, en el mundo de las noticias y tener una perspectiva global de la información, es en la Unión Dominicana de Emisoras Católicas (UDECA), donde teníamos un noticiero. Trabajando en ese noticiero empecé a trabajar en el periódico El Caribe y ese fue mi encuentro con la gran prensa. Con una redacción amplia, con profesionales de diferentes disciplinas, donde uno puede sentir que crece con los demás. Que tus trabajos son sometidos a ese rigor y a ese control de otras personas; donde ves nuevas formas y maneras de trabajar y entender la noticia. De vivir la ética periodística; contemplar los conflictos que se le presentan a tus compañeros y el de escuchar el día a día en una sala de redacción. La experiencia de estar con periodistas, que además tuve la dicha de que hubiesen brillantes profesionales, como cronistas, editores y gente que estaba familiarizada con áreas que no necesariamente yo conocía, ¡fue espectacular!… Siempre que pienso en lo que soy, digamos interpretando los hechos nacionales o teniendo una mirada prudente, para no apresurarte frente a una noticia para descubrir quién es la persona con la que hablas, pienso en El Caribe y todos mis compañeros”.
¿Cómo llegas a la TV?
“Estando en la prensa escrita recuerdo haber hecho algunos trabajos, investigaciones. Recuerdo haber hecho una serie sobre un ciudadano suizo que cometió unos delitos y tenía vínculos con República Dominicana. Comencé a investigar y me invitaron de Cadena de Noticias, en ese momento, que ya empezaba a ser parte del proyecto de El Caribe, y ahí fue que se dio ese paso.
Estar en Cadenas de Noticias, en aquella época, que es el mismo equipo que finalmente constituye Noticias SIN, fue otra perspectiva. Desde ese momento me ofrecieron trabajo. Yo todavía no estaba tan seducida por la televisión, me parecía un ‘trajinar’ muy duro; me parecía que era incómodo conseguir la información con una cámara de por medio. Yo sentía que se me hacía más fácil sentarme con la gente, sin tener cámaras ni grabadora. Y, ciertamente, se facilita si uno se entrena.
Finalmente, comencé a trabajar con Alicia Ortega, en El Informe, después de caminar por otros medios escritos, y ya en ese momento te puedo decir que sí estaba escribiendo un guión, ya estaba pensando en la imagen que eso llevaba. No era así cuando comencé, obviamente. Yo creo que para un periodista, para alguien que hace comunicación, entrar de un formato al otro implica aprender un nuevo lenguaje, porque la radio tiene un lenguaje, la prensa escrita tiene unos requisitos y la televisión tiene otros”.
¿Cuándo decides entrar a YouTube?
“Cuando yo salgo de trabajar en un medio formal, que todo el mundo sabe que fue circunstancialmente improvisado. Yo estaba trabajando, hice una denuncia un lunes, un martes y un miércoles, y el viernes ya no estaba trabajando ahí…
Como salgo dentro de un contexto muy controversial, tengo que pensar en emprender algo por mí misma. Eso ya es diferente: estar acompañada en un proyecto que es de otra persona o de una empresa, a tener que pensar que debes caminar. Y la misma gente comenzó a decirme por qué no abres un canal de YouTube. Pensé en mi propio programa, se facilitaron las cosas y mucha gente me echó la mano para que eso fuera posible. De hecho, patrocinadores que apostaron a mí.
Lo abrí y la gente comenzó a suscribirse, pero a un canal de YouTube hay que alimentarlo de forma continua. Ha sido más bien desde mi programa diario, todos los días que tengo en la mañana, donde he ido mirando cómo entra gente de cualquier parte del mundo. Las estadísticas que tengo de los dominicanos que viven en Estados Unidos, que tenían cierto vínculo por el trabajo que yo había hecho previamente, gente que puede estar en cualquier país de América Latina. Sin embargo, siento que podría hacer un poco más en mi plataforma digital. Estoy pensando en ello y sé que es un desafío. Ya paso de los 60,000 suscritos. La gente ve los videos y los comparte. Además, construye una memoria que es algo que los periodistas muchas veces trabajamos. Yo miro años atrás y pienso: ‘cuántas veces hice un programa del que ya no me queda nada’. Entonces, uno va construyendo una memoria y pienso que esa es una de las cosas buenas que tiene YouTube”.
¿Cómo fueron esos inicios en YouTube?
“De mucha expectativa. Yo tuve la suerte de estar acompañada de gente profesional que conocía la plataforma. Yo no tengo cómo pagarle a Charlie Sánchez, que ha sido una persona que cuando yo tenía que conectarme desde cualquier parte, que cuando había cualquier proceso de transmisión nacional, él técnicamente me apoyaba y eso era vital. Es decir, que me facilitó esa posibilidad para que mi canal estuviese activo, de estar en una audiencia, por ejemplo. ¡De estar en una transmisión en el Palacio Nacional!… Es decir, no tuve que hacer demasiados esfuerzos, porque estaba en un canal de televisión como Teleradio América, y ya luego él se encargó de lo otro: de tomar la señal y ponerme en el aire.
Lo más difícil fue la pandemia, que tuve que hacer transmisiones desde casa, buscar formas distintas de edición. No obstante, la gente siguió apoyando.
Uno de los desafíos que yo tengo pendiente es recoger, sistematizar y responder a lo que la gente manda. Recibo más denuncias que las que pudiese investigar; recibo más mensajes que los que yo pudiese leer. Intento leer lo más posible, responder cuantas informaciones llegan, pero reconozco que con todas las plataformas de redes sociales, y seguirle el paso, es bastante desafiante”.
Edith, te integraste al programa El Día, con Huchi Lora, en agosto de 2020. ¿Cómo ha sido para ti volver a la televisión matutina, a las madrugadas?
“En mi naturaleza está madrugar, porque desde que yo era muy jovencita trabajé de madrugada en uno de mis primeros programas de radio; luego trabajé muchos años en El Despertador, que era un programa de madrugada… y ya la madrugada se ha quedado pegada a mi cuerpo (Risas)… Tanto así, que en las mañanas, y a primeras horas de la mañana, siento que tengo más energía, más vitalidad y estoy más despierta que al caer la noche. Yo para esperar el año nuevo tenía que dormir en la tarde, pues mi cuerpo se habituó. Volver a las madrugadas es como volver a lo que siempre hice. Tener como la ilusión de estar, en este caso, en la televisión nacional de vuelta”.
¿Cómo es trabajar con Huchi Lora?
“Trabajar con Huchi Lora es trabajar con certezas. Tú te sientes plenamente confiada y te sientes segura. Es una persona muy rigurosa. Yo aprecio la gran capacidad que tiene para conocer todos los hechos, todos los acontecimientos. Tener ese sentido, en el cual tú encuentras con otro profesional y sientes que tienen los mismo valores y que les apasionan aspectos tan esenciales como la verdad, como es el sentido de justicia. Somos un equipo de tres y no hay luchas; no hay afán de ningún tipo, no hay duda, no hay sospecha, no tienes que cuidarte y que nadie está procurando falsear, falsificar, beneficiar a alguien o traficar con una influencia. Esa es una circunstancia especialmente importante cuando se hace televisión o se hace radio, porque cuando tú estás sentada en vivo con un micrófono en la boca y otra persona también tiene un micrófono, lo más que necesitas es tener garantías. Yo pienso que si se lo preguntaran a él, pienso que Huchi se siente que tiene garantías de respeto. Él sabe que le respeto profundamente. Carolina lo sabe también”.
Edith Febles: sintonizar para que sintonicen conmigo
Aunque las redes sociales no ha sido su principal medio de difusión, hoy se han convertido en una herramienta fundamental para Edith, ya que la ayudan a conectar con miles de dominicanos, incluyendo muchos que viven fuera del país y que siguen el acontecer nacional a través de las plataformas en la que esta profesional del periodismo comunica.
Edith, tienes más de 75,000 personas en Instagram, más de 244,000 en twitter y más de 63,000 en YouTube. ¿Cómo haces para que tanta gente siga fiel a tu contenido?
“Siendo uno mismo, sobre todo, porque no estoy hablando de mí misma. Es muy raro que yo hable de mí. De hecho, hay pocas entrevistas, como esta, donde esté hablando de mí. En mi programa lo que van a encontrar son las cosas que le pasan a la gente, y yo creo que hay que hablar de lo que a la gente le importa. El tipo de mensajes, sobre todo, en las redes sociales, no tienen nada que ver con su vida, no le solucionan nada en su vida, no significan nada en sus realidades. Yo comencé hablando de la sintonía, sintonizar con la gente para que ellos sintonicen contigo”.
¿Qué es lo que más te gusta de las redes sociales y lo que menos te gusta?
“Me gusta la posibilidad de llegar a mucha gente y que esa gente tiene voz. No me gusta las manipulaciones, sobre todo en Twitter. Personas que crean cuentas falsas para atacar, para perturbar, para molestar. Yo tengo un detector de esas cuentas. Yo lo siento de una vez, me meto y los miro. Yo no contesto sin mirar ese perfil. Tenemos que tener esa cautela”.
En el 2004 ganaste en el renglón de prensa el Premio Nacional de Periodismo. ¿Cuéntame de ese premio y el trabajo que realizaste?
“Yo venía de hacer una investigación de unos niños violados en un albergue católico, en San Rafael del Yuma. Eso fue un episodio que revolvió mi carrera y que mucha gente lo recuerda, porque quedó marcado en la memoria de muchos ciudadanos de este país. Yo creo que fue el primer reportaje que le dijo a los ciudadanos, a las familias campesinas de este país, que pensaban que sus hijos sí estaban en un albergue estaban seguros, y le dijo: ‘no necesariamente’. Conté la historia y eso, en cierto modo, conmocionó. Ese año me dieron ese reconocimiento, aunque no te decían con qué trabajo era, pero siento que fue por eso”.
Ese mismo año fuiste seleccionada periodista del año en el renglón prensa por el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Prensa. ¿Ha sido difícil para ti ejercer la profesión con libertad?
“Yo pienso que no. Pienso en las empresas, y yo puedo decir un día ‘me voy’, o alguien puede decirte ‘no me siento cómodo y no queremos seguir juntos’… Hay que tener la madurez en la vida para pasar páginas y tú seguir hacia adelante. Tú no eres lo que eres si toda la vida te quedas en el mismo rincón, haciendo las mismas cosas. Eso tiene que ocurrir. El ejercicio periodístico es un ejercicio de responsabilidad, y si tiene una consecuencia en un momento determinado, debes pensar que es casi natural, que cuando cuestionas al que tiene poder, puede tener consecuencias. No obstante, sería muy pretencioso de mi parte pensar que yo he pagado un precio alto. Yo pienso en la gente de México, en los periodistas mexicanos que lo pagan con su vida. Pensemos en los que sufren persecución, en los periodistas dominicanos que ya no están y que hicieron posible que nosotros viviésemos este régimen, digamos que de libertad. No podemos pretender tirarnos a víctimas, donde hay gente que la pasa peor. Hay gente que pierde sus empleos o que viven las consecuencias de las injusticias”.
¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?
“Me gusta cocinar, me gusta inventar, mirar la forma de cocinar de cualquier país que tu no te imaginas. Yo entro a ver cómo cocinan en Israel o en Brasil. Cuál es la mejor receta de un país africano y ver el ingenio y la imaginación de esos pueblos. Eso me relaja.
Me gusta pasear. Creo que todavía tengo una deuda con salir, con ver, con mirar. Me gustaría conocer Costa Rica, Suecia, Inglaterra. Conocer lugares muy específicos, como Nicaragua, o el pueblito donde nació García Márquez”.
Si no fueras periodista, ¿qué serías?
“Probablemente, sería socióloga y pude haber sido chef también”.
¿Qué prefieres: leer o ver una serie?
“Yo preferiría leer, aunque hay series que no te puedes escapar. Vi la del expresidente Pepe Mujica, de Uruguay”.
¿Qué estás leyendo?
“Una tierra prometida, de Barack Obama. Leí Mi Historia, de Michelle Obama. Me gusta leer historias de mujeres que han logrado romper paradigmas y avanzar. Porque, al fin y al cabo, la historia de las mujeres del mundo es muy parecida, porque la cultura que ha hecho que las mujeres tengan que enfrentarse a la violencia, a la discriminación, a tipos de pensamientos que no le dan las mismas oportunidades, es en el mundo entero. Me gustan las películas que sean soñadoras, de cosas que terminen bien, porque nosotros tenemos tantas cosas en la vida que terminan mal y uno ve tantas noticias… Yo no quiero ver nada para llorar, ¡yo no quiero tragedias!”.
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