En el marco de la 32ª edición de la Semana Dominicana en Estados Unidos, se reconoció a dos mujeres que son un verdadero ejemplo de lo que significa romper paradigmas y alcanzar el éxito en el extranjero. Ellas son una muestra clara de por qué es tan necesario que los hombres aprendan a reconocer y aceptar el progreso de la mujer.
Una de las homenajeadas fue Scarlin Hernández, una destacada ingeniera dominicana de la NASA, que trabaja en la misión del Telescopio Espacial James Webb. Nacida en la República Dominicana, y criada en Brooklyn, Scarlin ha dedicado su vida a la ciencia y la tecnología. Se graduó en Ingeniería Informática, y a los 20 años, ya formaba parte de la NASA. Su historia es una fuente de inspiración, demostrando que con dedicación se puede llegar a lo más alto.
También, se reconoció a Laura Jiménez quien, en su momento, fue la única dominicana en ocupar el cargo de asesora sénior en la Oficina de Asuntos del hemisferio occidental del Departamento de Estado de EE. UU. Nacida en Santo Domingo, su carrera política ha sido notable, participando en la campaña presidencial de Joe Biden, y sirviendo como jefa de gabinete en el Senado de Florida. Laura representa el orgullo dominicano y el liderazgo en las más altas esferas del gobierno estadounidense.
Estas dos mujeres son lo que en buen dominicano podríamos llamar “dos toletes de mujeres”. Su éxito es un reflejo de un cambio global: las mujeres están “creciendo” y eso es irreversible. Y es, precisamente, este crecimiento el que, desafortunadamente, está detrás de muchas rupturas y tensiones en las relaciones de pareja.
Déjala crecer y se parte del proceso. Comienzo mi segunda entrega de este artículo, que ya inició poniendo de referencia a los esposos Obama con el mismo dilema, pero ahora planteado desde el lado masculino. ¿Qué les pasa a los hombres cuando son las mujeres la que emprenden el vuelo y ellos quedan en tierra? ¿Qué podríamos aprender de este proceso?
Aceptar el progreso de tu pareja no es una lucha de egos
Me he enterado de varios divorcios, y parejas en terapia, por la misma razón: la mujer ha “crecido demasiado” y el hombre siente que “se le ha ido de las manos”, y en el peor de los casos, el crecimiento de la mujer hiere el “ego” masculino y le genera frustración que termina en detrimento de la relación. Este es un reflejo de una sociedad que aún no termina de hacer las paces con la equidad. Este tipo de situaciones, surge cuando el crecimiento de la mujer se interpreta como una lucha de poder en lugar de una meta compartida.
Desde hace más de dos décadas, las mujeres estamos llenando las aulas de las universidades, los institutos técnicos y las oficinas. Hemos estado forjándonos, rompiendo los “techos de cristal”, y alcanzando logros que queremos celebrar y disfrutar. Pero, a menudo, estos logros se convierten en motivo de frustración e indignación para nuestras parejas, en vez de ser una fuente de orgullo mutuo.
Necesitamos a alguien que “vuele con nosotras”, no que nos corte las alas. El crecimiento de la mujer no tiene por qué ser una amenaza. Es un proceso que nos involucra a todos, y por ello, es crucial que los hombres aprendan a ser receptivos y a buscar ayuda cuando se sientan amenazados.
De nuestra parte, debemos seguir apoyando a los hombres, haciéndolos sentir que son una parte fundamental, la “zapata de esa construcción” de vida en pareja. Porque, al final del día, el crecimiento de una no debería ser la caída del otro.
¿Qué piensas que se puede hacer para que este cambio en la dinámica de pareja sea más fluido
y menos conflictivo?
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