Newlink Dominicana lideró la medición técnica que reconoce a las entidades del sector privado más comprometidas con los ODS, en el marco de ExpoSostenible 2026, un evento organizado por El Nuevo Diario, Innovent, EM, Estrategia & Soluciones, y el Consejo de Desarrollo Económico y Social de Santo Domingo (CODESSD).
La sostenibilidad hoy es el equilibrio entre el desarrollo económico, el bienestar social y la protección ambiental. Implica satisfacer las necesidades actuales, sin agotar los recursos, garantizando la viabilidad de las generaciones futuras a través de la economía circular, la equidad social y la reducción de la huella de carbono.
Y, para ello, ExpoSostenible 2026, un evento organizado por Consejo de Desarrollo Económico y Social de Santo Domingo (CODESSD), Innovent, EM, Estrategia & Soluciones y El Nuevo Diario, materializó el primer ranking
de sostenibilidad empresarial en República Dominicana basado en
el criterio ciudadano.
En su segunda versión, llevada a cabo los días 15 y 16 de abril en el Hotel El Embajador, de Santo Domingo, Newlink Dominicana lideró la medición técnica que reconoce a las entidades del sector privado más comprometidas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en una medición técnica que identificó a las empresas dominicanas más destacadas en sustentabilidad corporativa.
Una exigencia tangible
La sostenibilidad dejó de ser una aspiración para convertirse en una exigencia tangible. El país acaba de dar un paso decisivo: por primera vez, un ranking técnico identifica y reconoce a las empresas con mayor compromiso real con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), medido desde lo que la sociedad percibe.
En el marco de la segunda edición de ExpoSostenible 2026 — plataforma liderada por El Nuevo Diario, Innovent, EM, Estrategia & Soluciones, y el Consejo de Desarrollo Económico y Social de Santo Domingo (CODESSD)—, se diseñó y ejecutó un proceso de evaluación riguroso, objetivo y basado en evidencias. El resultado es el ranking “Empresas que Transforman la República Dominicana ExpoSostenible 2026”: 15 organizaciones que han logrado algo más complejo que ejecutar acciones, ser percibidas como coherentes dentro del ecosistema de sostenibilidad del país. Del estudio estuvo a cargo Newlink Dominicana, firma de consultoría en comunicación estratégica.
“Para que haya un reconocimiento debe haber méritos, y estos deben ser identificados y ponderados cuidadosamente. En este primer ranking nos enorgullece respaldar esas iniciativas que están generando cambios en nuestra sociedad, buscando estimular para que más empresas trabajen en esta misma dirección”, afirma Eduardo Valcárcel, Managing Partner de Newlink Dominicana.
Un ranking con respaldo científico
Frente a este panorama, el ranking no podía ser una encuesta de popularidad ni una declaración de buenas intenciones. Se estructuró una metodología por fases que combina investigación cuantitativa, evaluación por públicos especializados y validación documental.
La primera fase consistió en 700 encuestas telefónicas (CATI) a público general (margen de error 3.70%, nivel de confianza 95%), mediante recordación espontánea. Este tipo de medición evita inducir respuestas y permite identificar qué empresas están realmente posicionadas en la mente de las personas cuando se habla de sostenibilidad.
La segunda fase aplicó 300 encuestas a un público informado: gestores de RSE, líderes empresariales, ONG relevantes, periodistas especializados y académicos. Con un margen de error de 5.57% y un nivel de confianza del 95%, este segmento no opina desde la percepción superficial, sino desde el criterio, la experiencia acumulada y la observación técnica.
La tercera fase garantiza la rigurosidad técnica: las empresas preclasificadas fueron invitadas a aportar evidencias verificables (certificaciones, estadísticas, fotografías, memorias de sostenibilidad). Un jurado calificado evaluó y ponderó los resultados junto con las pruebas documentales.
Kaoru Osera, directora de Insights & Strategic Intelligence de Newlink Dominicana, lideró el proceso metodológico de investigación y destacó que en cada etapa del ranking se cumplieron con los más altos estándares de objetividad y transparencia. “Desde el diseño de los cuestionarios hasta la recolección de evidencias y los parámetros de deliberación del jurado, buscamos que el reconocimiento sea un verdadero reflejo del esfuerzo y los resultados de las empresas”, indica Osera.
El jurado estuvo integrado por Eduardo Valcárcel, Yerenna Álvarez, Persio Sully Maldonado, Francisco Valdez y Elizabeth Mena, quienes aportaron una lectura experta para interpretar los resultados con contexto y responsabilidad.

Un ecosistema que impulsa el cambio
El ranking es solo un elemento dentro de un ecosistema. ExpoSostenible, plataforma liderada por El Nuevo Diario, Innovent, EM, Estrategia & Soluciones, y el Consejo de Desarrollo Económico y Social de Santo Domingo (CODESSD), incluyó además foros, el podcast “Voces Sostenibles” y publicaciones especializadas. En su primera edición, el evento reunió a más de 5,000 asistentes.
Según expresó Samuel Sena: “Este ranking no pretende ser definitivo, sino que representa un primer paso para seguir elevando esas prácticas de sostenibilidad que merecen ser reconocidas”.
Sena adelantó que las futuras ediciones incorporarán mayor desagregación por pilares ambientales, sociales y de gobernanza, que permitirán diferenciar por sectores productivos e instó a las empresas a seguir avanzando para dejar un legado de bienestar a las próximas generaciones de dominicanos.
Las 15 empresas que transforman el país
El ranking no reúne empresas perfectas, reúne empresas visibles, consistentes y con capacidad de incidir:
¿Qué tienen en común las empresas reconocidas?
Más allá de los sectores en los que operan, estas quince empresas comparten algo esencial: han logrado ser percibidas como coherentes. Comparten visibilidad en su impacto, consistencia en el tiempo, escala de incidencia en la vida cotidiana, integración de la sostenibilidad en su modelo de negocio, gobernanza que permite continuidad y, sobre todo, credibilidad.
Destaca que la mayoría de las organizaciones reconocidas sean empresas dominicanas, apenas cuatro de las quince son trasnacionales. Esto revela una fuerte conciencia entre el empresariado local y consecuentes esfuerzos por invertir, educar y reformular procesos para aportar a la sostenibilidad de la producción nacional.
La sostenibilidad como ventaja competitiva
Para Newlink, la sostenibilidad no es un agregado superficial ni una campaña de relaciones públicas. Es un eje transversal que debe atravesar la estrategia de negocio, la cultura organizacional y la relación con los stakeholders. Como lo explica Valcárcel: “La sostenibilidad se erige como una ventaja competitiva para las organizaciones que buscan conectar genuinamente con sus públicos de interés, en un ejercicio que no solo se extiende a maximizar ganancias, sino a dejar una huella perdurable que incida en el progreso social, medioambiental y económico”.
Las cifras respaldan esta mirada. Estudios de EY indican que un 43% de los consumidores a nivel global están más inclinados a comprar en negocios que tienen incidencia positiva en la sociedad. Y el cambio generacional acelera la urgencia: para 2029, el 72% de la fuerza laboral global será millennial o Generación Z, dos segmentos que exigen a sus empleadores involucramiento genuino en temas ambientales y sociales.
Lo que aún falta (y por qué también importa) Por Elizabeth Mena
Este ranking permite ver quiénes hoy están logrando posicionarse en la conversación sobre sostenibilidad, pero también deja abierta una reflexión que resulta igual de importante. Junto a estas empresas, existen muchas otras que han comenzado procesos, que están haciendo ajustes, que han incorporado cambios en sus operaciones y que, sin embargo, no aparecen. No necesariamente porque no estén avanzando, sino porque ese avance no siempre es visible.
Ahí aparece uno de los grandes retos de este momento. La sostenibilidad no solo exige hacer, también exige comunicar. Y comunicar no desde la promoción, sino desde la responsabilidad de aportar al ecosistema. Cuando las acciones no trascienden, cuando no se comparten, cuando no se convierten en referencia, su impacto se queda limitado. No inspiran, no generan aprendizaje, no abren camino.
En muchos casos, el país avanza más de lo que se percibe, pero no logra construir una narrativa común sobre ese avance. Y sin narrativa, no hay acumulación de experiencia, no hay efecto demostrativo, no hay impulso colectivo.
Este ranking, más que cerrar una lista, abre esa conversación. Invita a mirar no solo quiénes están, sino cómo logramos que más empresas se sumen, que más procesos se visibilicen y que el aprendizaje deje de ser individual para convertirse en compartido.
Porque la sostenibilidad no se construye desde esfuerzos aislados. Se construye cuando lo que funciona se muestra, se entiende y se replica.

Un país que habla mucho… pero por separado Por Elizabeth Mena
Durante años, la sostenibilidad en la República Dominicana no ha sido un tema ausente ni marginal. Ha estado presente de forma constante, cada vez con mayor visibilidad, en políticas públicas, en iniciativas empresariales, en proyectos impulsados desde la sociedad civil y en discursos institucionales que reconocen su importancia dentro del modelo de desarrollo del país. No partimos de cero. Existe conocimiento acumulado, experiencias valiosas y una creciente conciencia de que los modelos tradicionales ya no son suficientes para sostener el crecimiento económico ni garantizar bienestar en el largo plazo.
Sin embargo, ese avance, aunque real, ha tenido una limitación estructural que el país no ha logrado superar. Ha ocurrido, en gran medida, de forma fragmentada. La sostenibilidad ha sido abordada desde múltiples espacios, pero no necesariamente desde una visión compartida. Cada sector ha operado dentro de su propia lógica, con sus propios incentivos y prioridades, generando esfuerzos que, aun siendo relevantes, no logran converger en una dirección común. Es precisamente en esa falta de articulación donde se pierde impacto.
El Estado ha avanzado en la creación de marcos regulatorios y en el diseño de políticas públicas; el sector privado ha incorporado prácticas más responsables en sus procesos productivos y en su visión estratégica; la academia ha generado conocimiento, análisis y formación especializada; los organismos internacionales han aportado financiamiento, asistencia técnica y estándares globales; la sociedad civil ha asumido un rol activo en la vigilancia, la exigencia y la movilización social. Todos los actores están presentes, todos están haciendo su parte, pero no necesariamente lo hacen de manera coordinada. Y cuando las acciones no se conectan, los resultados se diluyen frente a la magnitud de los desafíos.
Los problemas que enfrenta la República Dominicana no se presentan de forma aislada. La gestión del agua impacta directamente la producción, la energía y la planificación territorial. El manejo de residuos no es únicamente un tema ambiental, también es económico, industrial y cultural. La discusión sobre energía incide en la competitividad, en la inversión y en la calidad de vida. Las ciudades concentran todas estas tensiones, integrando crecimiento, infraestructura, servicios, desigualdad y sostenibilidad en un mismo espacio. Son dinámicas interconectadas, complejas, que responden a un sistema y que, por tanto, no pueden abordarse de manera fragmentada sin perder efectividad.
En ese contexto, las respuestas aisladas, por más bien intencionadas que sean, resultan insuficientes. Se avanza, pero no al ritmo que exige el entorno global ni con la coherencia que requiere una transformación estructural. Se desarrollan iniciativas, pero no siempre se integran entre sí. Se generan esfuerzos, pero no necesariamente se traducen en cambios sostenidos. En un mundo marcado por la incertidumbre, por la presión sobre los recursos y por la necesidad de adaptación constante, esa falta de alineación se convierte en una vulnerabilidad que el país ya no puede seguir ignorando.
Es desde esa realidad, sin idealizaciones, que surge ExpoSostenible. No como una solución definitiva ni como un espacio que pretende resolver en dos días desafíos que son estructurales y de largo plazo. Surge como un intento consciente de ordenar. Ordenar la conversación, ordenar las prioridades, ordenar a los actores en un mismo espacio donde puedan escucharse, confrontar sus visiones y empezar a identificar puntos de conexión que hoy no existen o no están suficientemente desarrollados.
ExpoSostenible parte de una idea sencilla, pero profundamente incómoda. Mucho de lo que hay que hacer ya se está haciendo, pero no necesariamente en la misma dirección. Y sin articulación, incluso los mejores esfuerzos pierden fuerza. Por eso, más que sumar nuevas iniciativas, busca contribuir a que las existentes puedan empezar a dialogar entre sí, a reconocerse como parte de un mismo sistema y, eventualmente, a avanzar con mayor coherencia.
Antes de transformar un modelo de desarrollo, hay algo previo que resulta indispensable. Entenderlo en su conjunto. Antes de acelerar, hay que alinear. En un país donde múltiples actores trabajan de manera simultánea sobre los mismos problemas, pero sin una coordinación efectiva, ordenar la conversación puede parecer un paso modesto. Sin embargo, es precisamente ese orden el que puede sentar las bases para que, en algún momento, la transformación deje de ser una aspiración y empiece a convertirse en una posibilidad real.
El origen de la idea: crear un espacio donde todos se tengan que escuchar
ExpoSostenible no surge como una idea espontánea ni como la simple intención de organizar un evento más dentro del calendario nacional. Su origen responde a una inquietud mucho más profunda, casi estructural, que se ha ido haciendo evidente con el paso del tiempo. Si el país ya cuenta con actores relevantes, con conocimiento acumulado y con iniciativas en marcha, ¿por qué los resultados no alcanzan la escala ni la coherencia que se necesitan? La respuesta, aunque incómoda, apunta a un elemento que ha sido históricamente difícil de gestionar, la falta de espacios reales de articulación.
Durante años, los distintos sectores han operado con relativa autonomía. No por falta de interés en colaborar, sino porque los incentivos, los tiempos y las prioridades no siempre coinciden. El sector público responde a ciclos políticos y a marcos normativos; el sector privado a dinámicas de mercado y eficiencia; la academia a procesos de investigación y validación; los organismos internacionales a agendas globales; la sociedad civil a demandas sociales urgentes. Cada uno actúa desde su lógica, y esa lógica, aunque válida, no siempre dialoga con las demás.

Es en ese vacío donde se concibe ExpoSostenible. No como un espacio de coincidencia automática, sino como un punto de encuentro intencional. Un lugar donde actores que no necesariamente comparten visiones ni intereses se ven obligados, al menos por un momento, a escucharse. Y esa diferencia es fundamental. No se trata de reunir por reunir, ni de generar una imagen de consenso que no existe. Se trata de crear las condiciones para que ocurra algo que rara vez sucede de manera natural, una conversación estructurada entre sectores que tradicionalmente operan en paralelo.
La idea central no es eliminar las diferencias, sino hacerlas visibles. Porque solo cuando se entienden los límites, las tensiones y las prioridades de cada actor es posible empezar a construir puntos de conexión. ExpoSostenible reconoce que la sostenibilidad, en la práctica, no es un concepto homogéneo. Para algunos es una oportunidad de negocio, para otros es una responsabilidad institucional, para otros es una urgencia ambiental o social. Todas esas miradas coexisten, y pretender simplificarlas sería desconocer la complejidad del problema.
Por eso, más que imponer una narrativa única, la plataforma busca generar un espacio donde esas distintas perspectivas puedan convivir, confrontarse y, en el mejor de los casos, empezar a alinearse. No desde la imposición, sino desde el entendimiento. Porque la articulación no ocurre por decreto. Ocurre cuando los actores reconocen que, a pesar de sus diferencias, hay un terreno común que vale la pena construir.
En ese sentido, ExpoSostenible introduce una lógica distinta a la de los eventos tradicionales. Aquí no se trata únicamente de exponer ideas o presentar casos de éxito. Se trata de generar interacción, de provocar preguntas, de incomodar ciertas certezas y de abrir espacio a conversaciones que, en otros contextos, no tendrían lugar. El valor no está solo en lo que se dice desde el escenario, sino en lo que ocurre alrededor, en las conexiones que se generan, en las conversaciones que continúan después.
Esto no significa que el proceso sea sencillo ni lineal. De hecho, implica reconocer que la articulación es, probablemente, uno de los ejercicios más complejos que puede intentar un país. Requiere confianza, requiere tiempo, requiere voluntad, y, sobre todo, requiere la disposición de ceder espacios, de escuchar activamente y de cuestionar posiciones propias. No todos los actores llegan en ese punto. No todos están listos. Y eso también forma parte del proceso.
ExpoSostenible no pretende resolver esa complejidad en una sola edición. Sería irreal. Pero sí busca algo más concreto, empezar a construir las condiciones para que esa conversación ocurra de manera más frecuente, más estructurada y, eventualmente, más productiva. En un contexto donde
cada sector ha aprendido a operar
por separado, crear un espacio donde todos tengan que coincidir, aunque
sea temporalmente, es en sí mismo
un paso significativo.
Porque al final, la transformación no comienza con grandes acuerdos ni con decisiones inmediatas. Comienza con algo más básico, pero igualmente importante, la capacidad de escucharse. Y en un país donde muchas cosas se hacen bien, pero no necesariamente juntas, ese puede ser el punto de partida que hacía falta.
Segundo año: entre la expectativa y la realidad
ExpoSostenible 2026 llega en su segundo año, y ese simple dato cambia por completo la naturaleza del ejercicio. El primer año permite explorar, probar, convocar sin una carga excesiva de resultados. El segundo año, en cambio, introduce una variable que no se puede evadir, la expectativa. Ya no se trata únicamente de reunir actores ni de posicionar un concepto; se trata de demostrar que el espacio tiene sentido, que responde a una necesidad real y que puede sostenerse más allá del entusiasmo inicial.
En ese punto intermedio es donde se encuentra hoy la plataforma. No es un modelo consolidado, pero tampoco es un experimento incipiente. Es, quizás, la etapa más compleja de cualquier iniciativa de esta naturaleza, aquella en la que se empieza a medir no solo la intención, sino la coherencia. Lo que en la primera edición podía asumirse como punto de partida, en la segunda comienza a ser evaluado como dirección. Y esa diferencia, aunque sutil, es determinante.
Hay una presión natural que emerge en este momento. Los actores que participaron en la primera edición llegan con expectativas más claras, con preguntas más concretas, con una mayor exigencia sobre el valor que el espacio puede generar. Ya no basta con coincidir, ahora se espera avanzar. Ya no basta con visibilizar, ahora se espera profundizar. Y aunque ese avance no necesariamente se traduce en resultados inmediatos, sí obliga a que la conversación evolucione.

Sin embargo, es importante mantener una lectura realista del momento. ExpoSostenible no está en una fase de consolidación estructural. No ha generado todavía transformaciones sistémicas atribuibles a su existencia, ni sería razonable esperar que lo haga en tan corto tiempo. Las dinámicas que busca influir son complejas, responden a múltiples variables y requieren procesos sostenidos en el tiempo. Pretender resultados inmediatos sería desconocer la naturaleza misma del cambio que se intenta impulsar.
Lo que sí ha cambiado es el punto de partida. La conversación ya no comienza desde cero. Hay un lenguaje común que empieza a construirse, hay actores que se reconocen entre sí dentro de este espacio, hay una mayor claridad sobre los temas que deben abordarse y sobre las tensiones que existen entre sectores. Ese terreno, aunque todavía incipiente, es fundamental. Permite que la discusión avance con mayor profundidad y menos dispersión.
Al mismo tiempo, el segundo año introduce un riesgo que no puede ignorarse. El riesgo de repetirse. De replicar el mismo formato, las mismas dinámicas, los mismos discursos, sin generar un valor adicional que justifique la continuidad. En un entorno donde abundan los espacios de diálogo, la relevancia no se sostiene por inercia. Se construye a partir de la capacidad de evolucionar.
Por eso, ExpoSostenible 2026 enfrenta un desafío doble. Por un lado, debe consolidar lo que ya logró, la capacidad de convocar, de posicionar el tema y de generar un espacio de encuentro. Por otro, debe empezar a empujar la conversación hacia un nivel distinto, más exigente, más orientado a identificar caminos posibles, aunque todavía
no sean definitivos.
Esa tensión entre expectativa y realidad es, en el fondo, una señal positiva. Indica que el espacio ya no es indiferente. Que hay actores que le atribuyen valor, que lo consideran relevante y que, por tanto, esperan más.
Y en ese sentido, el segundo año no es una prueba de resultados, sino una prueba de consistencia.
ExpoSostenible no tiene aún todas las respuestas, ni pretende tenerlas. Pero sí tiene una responsabilidad creciente, la de no quedarse en el mismo punto en el que comenzó. En un proceso como este, avanzar no siempre significa resolver, muchas veces significa simplemente no retroceder, no diluirse, no perder el sentido que le dio origen.
Y en ese equilibrio, entre lo que se espera y lo que es posible lograr en esta etapa, se define realmente el valor de esta segunda edición. No como un punto de llegada, sino como una señal de que el proceso continúa, que la conversación se mantiene y que, aunque todavía falte mucho por hacer, al menos ya no se está empezando desde cero.
El riesgo real: cuando hablar bien no es suficiente
A medida que espacios como ExpoSostenible ganan visibilidad y relevancia, también enfrentan un riesgo que no siempre se reconoce con suficiente claridad. No se trata de fracasar. Se trata de algo más sutil, y por eso más peligroso, convertirse en otro espacio donde se habla bien, se piensa bien, se diagnostica bien, pero no necesariamente se avanza.
La República Dominicana no tiene un déficit de conversación. Tiene, en muchos casos, un exceso de ella. Existen foros, paneles, encuentros, documentos y estudios que abordan con precisión los principales desafíos del país. Se identifican problemas, se discuten soluciones, se generan consensos discursivos. Sin embargo, esa claridad conceptual no siempre se traduce en decisiones concretas ni en cambios sostenidos. Ese es el punto crítico.
Porque llega un momento en que hablar correctamente deja de ser suficiente. Incluso puede convertirse en una forma de evasión. Una manera sofisticada de postergar lo que realmente implica actuar, asumir costos, tomar decisiones difíciles, modificar estructuras y, en algunos casos, incomodar intereses establecidos.
ExpoSostenible no está exenta de ese riesgo. Ningún espacio de diálogo lo está.
La calidad de los paneles, el nivel de los participantes, la pertinencia de los temas y la profundidad de las discusiones son condiciones necesarias, pero no suficientes. Pueden generar valor, pueden enriquecer la conversación, pueden incluso influir en percepciones. Pero por sí solas no transforman sistemas.
La transformación ocurre en otro lugar. Ocurre cuando lo discutido se traduce en decisiones de inversión. Cuando se convierte en política pública. Cuando modifica prácticas empresariales. Cuando redefine prioridades institucionales. Cuando implica hacer algo distinto a lo que se venía haciendo.
Y ese paso, el paso de la conversación a la acción, es el más complejo. No porque falte conocimiento. Sino porque implica asumir consecuencias.
Significa reasignar recursos, cambiar modelos operativos, enfrentar resistencias, aceptar costos en el corto plazo para obtener beneficios en el largo plazo. Significa, en esencia, moverse de la zona de confort hacia la zona de decisión.
Por eso, el verdadero desafío de ExpoSostenible 2026 no es organizar un buen evento. Es evitar que el espacio se convierta en un fin en sí mismo. Es impedir que la conversación, por valiosa que sea, se quede contenida dentro del evento y no tenga continuidad fuera de él.

Esto no implica exigir resultados inmediatos ni sobredimensionar lo que un espacio como este puede lograr en una sola edición. Sería irreal. Pero sí implica reconocer que el valor de la plataforma no se mide únicamente por lo que ocurre durante esos días, sino por su capacidad de influir, aunque sea de forma gradual, en lo que ocurre después.
La sostenibilidad, en su esencia, no es un discurso. Es una práctica. Y como toda práctica, se construye a partir de decisiones acumuladas, no de declaraciones aisladas.
En ese sentido, ExpoSostenible enfrenta una prueba silenciosa, pero determinante. No la de convocar ni la de posicionar el tema, sino la de mantenerse relevante en un entorno donde hablar ya no es suficiente. Donde el país empieza, poco a poco, a exigir algo más.
No necesariamente resultados inmediatos, pero sí señales claras de que la conversación tiene dirección, que no se repite, que evoluciona, que incomoda cuando es necesario y que, en algún punto, empieza a empujar hacia la acción.
Porque si no ocurre ese tránsito, si la conversación no logra cruzar ese umbral, el riesgo es evidente. La sostenibilidad puede convertirse en un lenguaje compartido, pero vacío de consecuencias. Un consenso cómodo que no transforma.
Y eso es precisamente lo que este tipo de espacios no puede permitirse.
La apuesta de 2026: empezar a conectar con ejecución
Frente a ese riesgo evidente de quedarse en el plano del discurso, ExpoSostenible 2026 introduce una intención que, aunque todavía incipiente, marca una diferencia relevante respecto a su primera edición. No se trata de un salto abrupto hacia la ejecución, ni de la promesa de resultados inmediatos, sino de un movimiento más estratégico, empezar a conectar la conversación con espacios donde puedan surgir decisiones.
El cambio no es necesariamente visible a primera vista, pero sí está presente en la forma en que se estructura la experiencia. La agenda ya no se limita a paneles y conferencias como espacios de reflexión. Incorpora, de manera más intencional, dinámicas que buscan acercar a los actores a escenarios donde la interacción pueda trascender el intercambio de ideas y acercarse, aunque sea de manera inicial, a la posibilidad de acción.
Se crean espacios para conversaciones más focalizadas, se integran rondas de negocio, se promueven encuentros entre actores que tienen capacidad real de ejecutar, invertir o incidir en políticas. Se introducen casos concretos, experiencias aplicadas, ejemplos que permiten aterrizar conceptos que, de otra manera, corren el riesgo de quedarse en el plano teórico. No se trata de garantizar resultados, pero sí de generar condiciones donde estos puedan empezar a gestarse.
Este enfoque responde a una comprensión más clara del rol que puede jugar ExpoSostenible en esta etapa. No es, ni pretende ser, el espacio donde se ejecutan las soluciones. Es, en todo caso, el punto donde esas soluciones pueden comenzar a tomar forma, donde los actores que tienen la capacidad de implementarlas pueden encontrarse, reconocerse y, eventualmente, explorar caminos comunes.
Hay también un esfuerzo por incorporar mayor evidencia dentro de la conversación. No solo desde el análisis, sino desde la práctica. Mostrar lo que ya se está haciendo, identificar qué funciona, qué no, qué se puede escalar y qué requiere ajustes. Este énfasis no elimina la discusión conceptual, pero la complementa con una dimensión más aplicada, más cercana a la realidad de quienes toman decisiones en sus respectivos espacios.
En esa misma línea se inscribe la incorporación de herramientas como el ranking, que introduce criterios, medición y una lógica de evaluación que comienza a mover la conversación hacia parámetros más concretos. No se trata de establecer verdades absolutas ni de definir estándares definitivos, sino de iniciar un proceso que permita diferenciar entre lo que se declara y lo que se puede evidenciar.
Todo esto, sin embargo, debe leerse con cautela. ExpoSostenible 2026 no resuelve la brecha entre conversación y ejecución. Esa brecha es estructural y requiere intervenciones mucho más amplias y sostenidas en el tiempo. Lo que sí hace es empezar a tensionarla, a hacerla visible de una manera más directa y a generar espacios donde, al menos, se intente acortarla.
Es un movimiento inicial, imperfecto, pero necesario.
Porque en procesos como este, el cambio no ocurre de manera inmediata ni uniforme. Ocurre a partir de acumulación. De pequeños ajustes en la forma en que se conversa, en la forma en que se interactúa, en la forma en que se conectan los actores. Y aunque esos cambios puedan parecer limitados en una primera lectura, son los que, con el tiempo, pueden modificar la dinámica de fondo.
ExpoSostenible 2026 no promete ejecutar. Pero sí empieza a crear las condiciones para que ejecutar sea más probable. Y en un contexto donde la distancia entre lo que se dice y lo que se hace sigue siendo uno de los principales desafíos, esa intención, aunque todavía en desarrollo, es una señal de evolución.
Articular: el verbo más difícil
Si hay una palabra que define tanto el desafío como la ambición de ExpoSostenible, esa es articular. No convocar, no reunir, no coincidir, sino articular. Y aunque a primera vista pueda parecer un matiz semántico, en la práctica representa una diferencia sustancial.
Convocar es relativamente sencillo. Implica invitar, reunir, generar presencia. Reunir actores en un mismo espacio, aunque requiere esfuerzo logístico y capacidad de gestión, no necesariamente implica transformación. La articulación, en cambio, exige algo mucho más complejo. Implica alinear intereses que no siempre coinciden, traducir lenguajes distintos, gestionar expectativas, entender límites y, sobre todo, construir confianza en un entorno donde cada actor responde a lógicas propias.
Ese es el verdadero reto.
En la República Dominicana, como en muchos otros países, los sectores han aprendido a operar de manera eficiente dentro de sus propios marcos. El sector público tiene sus procedimientos, sus tiempos, sus restricciones. El sector privado responde a dinámicas de mercado, a rentabilidad, a competitividad. La academia prioriza el rigor, la validación, la producción de conocimiento. Los organismos internacionales trabajan bajo agendas globales, con marcos de referencia específicos. Cada uno funciona, cada uno produce resultados dentro de su ámbito, pero no necesariamente interactúan de forma estructurada entre sí.
Y cuando lo hacen, muchas veces se encuentran con barreras que no siempre son visibles, pero que son determinantes. Diferencias en el lenguaje, en los tiempos de ejecución, en las formas de tomar decisiones, en la percepción del riesgo, en las prioridades. Lo que para un actor puede ser urgente, para otro puede ser inviable en el corto plazo. Lo que para uno representa una oportunidad, para otro puede implicar un costo que no está dispuesto a asumir.
Articular significa moverse dentro de esa complejidad.
Significa reconocer que no todos los actores parten del mismo lugar ni tienen las mismas capacidades. Significa entender que la sostenibilidad no tiene el mismo significado para todos, y que cualquier intento de alineación debe partir de esa diversidad, no ignorarla. Significa, en muchos casos, ceder, ajustar, negociar, construir acuerdos parciales antes de aspirar a consensos más amplios.
Por eso, la articulación no ocurre de manera automática ni puede imponerse. No se decreta, no se diseña en abstracto. Se construye en la práctica, a través de interacciones repetidas, de procesos que toman tiempo, de relaciones que se fortalecen gradualmente. Requiere continuidad, algo que históricamente ha sido difícil de sostener en este tipo de espacios.
ExpoSostenible, en ese sentido, no es todavía un mecanismo de articulación consolidado. Está lejos de serlo. Pero sí representa un intento consciente de crear las condiciones para que esa articulación pueda comenzar a desarrollarse. Ofrece un punto de encuentro donde las diferencias se hacen visibles, donde los actores se reconocen y donde, aunque sea de forma inicial, se empiezan a identificar posibles áreas de colaboración.

Más allá del evento: definir referentes y ampliar la conversación
Al integrar el reconocimiento a liderazgos nacionales y la participación de referentes internacionales, ExpoSostenible fortalece su eje social desde una lógica que combina experiencia, inspiración y aprendizaje. No se trata únicamente de visibilizar figuras, sino de construir un marco de referencia que permita entender hacia dónde se quiere avanzar como país.
En ese cruce entre lo local y lo global, entre la experiencia acumulada y la reflexión estratégica, se abre una conversación que va más allá del evento. Una conversación sobre liderazgo, sobre responsabilidad y sobre el tipo de desarrollo que se está dispuesto a construir.
Porque, al final, la sostenibilidad no se define únicamente en indicadores ni en políticas. También se define en las decisiones que toman las personas, en los valores que guían esas decisiones y en la capacidad de aprender, tanto de lo propio como de lo ajeno.
Y es en ese equilibrio donde este eje encuentra su mayor valor.
No es suficiente, pero es necesario
ExpoSostenible 2026 no es la solución a los desafíos estructurales de la República Dominicana. No transforma por sí sola los modelos productivos, ni redefine políticas públicas, ni cambia comportamientos de manera inmediata. Sería poco realista plantearlo en esos términos. Sin embargo, sí cumple una función que, en el momento actual, resulta necesaria y, en muchos sentidos, imprescindible.
ExpoSostenible es, ante todo, un espacio de construcción voluntaria. Un espacio donde convergen actores que han decidido sumarse no por obligación, sino por convicción. Desde el sector público hasta el sector privado, pasando por organismos multilaterales, academia, organizaciones de la sociedad civil, medios de comunicación y el público en general, todos coinciden en una misma plataforma, no porque piensen igual, sino porque reconocen que los desafíos que enfrenta el país no pueden seguir abordándose de manera aislada.
Y es, precisamente, en esa diversidad donde radica su valor. Aquí no se busca eliminar diferencias ni construir consensos artificiales. Se exponen visiones distintas, se evidencian prioridades diversas, se reconocen ritmos y capacidades que no siempre coinciden. Pero, aun así, se pone de manifiesto algo más profundo, que más allá de cualquier diferencia existe un interés común que termina conectando a todos.
No hay sostenibilidad posible sin un entorno ambiental que permita la vida. No hay sostenibilidad sin una sociedad que pueda desarrollarse, participar y sostenerse en el tiempo. No hay sostenibilidad sin una base económica que genere oportunidades, que permita invertir y que garantice estabilidad. Ese principio no pertenece a un sector en particular, atraviesa a todos. Aplica al Estado, que requiere cohesión social y estabilidad para gobernar; al sector privado, que depende de mercados funcionales y entornos previsibles; a la academia, que forma dentro de una realidad que debe tener futuro; a los organismos internacionales, que impulsan agendas globales que solo tienen sentido si se traducen en impacto local; y a la sociedad en su conjunto, que vive, de manera directa, las consecuencias de las decisiones que se toman o se postergan.
ExpoSostenible no es un punto de llegada. Es una decisión. La decisión de no seguir avanzando de manera fragmentada, la decisión de sentarse, de escucharse, de construir incluso en medio de las diferencias, y, sobre todo, la decisión de entender que la sostenibilidad no es un discurso, es el entorno donde vivimos, la sociedad que somos y la economía que construimos.
Forma de pago: transferencia o depósito en el banco BHD León a la cuenta 27190380011