Hugo Pork, una marca innovadora de productos de fácil cocción

Esta marca dominicana comenzó, hace cinco años, comercializando chicharrón precocido para “terminarlo en casa” … ¡Y su impacto fue inmediato! Hoy, cuenta con 12 productos, colocados en cuatro países (República Dominicana, Estados Unidos, El Salvador y Guatemala), y con planes de seguir ampliando sus mercados en otros dos países, “pues tenemos en agenda llegar próximamente a México y Colombia”, revela Hugo IV Beras, CEO y fundador de Hugo Pork.

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June 18, 2023

Hugo IV Beras es un apasionado de la cocina. Desde muy joven le gustaba “inventar” platos, mezclar condimentos, y luego compartirlos con su familia y amigos.

 Tanto así, que en su linaje siempre fueron amantes de sus chicharrones. Era común que vivieran buscando un lugar cercano donde hicieran un buen chicharrón, y que el lugar fuese higiénico, que inspirara confianza para comprar.

 En ese vaivén, le surgió la pregunta: ¿Cómo se hace el verdadero chicharrón? Inquietud que lo puso a investigar y a probar cuál era la mejor técnica para hacerlo… ¿Cuál era el tiempo exacto de cocción? ¿A qué temperatura debía prepararlo?, etc., etc., etc.…

 “A mí me daba mucha curiosidad cómo se hacía el chicharrón, ya que era algo muy difícil de hacer. Necesitaba una forma de hacerlo que no provocara tanto ‘reguero’. Y hay una forma de hacerlo al horno, que es otro tipo de chicharrón. Y ese chicharrón comencé a evaluarlo, a estudiarlo de manera personal, para hacerlo en mi casa… Ya estaba casado, tenía mi hijo, estaba comenzando a cocinar más que antes, y comencé a buscar las diferentes formas de hacerlo al horno y las diferentes técnicas”, revela Hugo IV Beras, CEO y fundador de Hugo Pork, entrevistado por revista CONTACTO en su residencia, en Arroyo Hondo.

 La cocina de Hugo se convirtió, por un tiempo, en su laboratorio, donde pasaba largas horas tratando de crear su propio chicharrón para el consumo de su familia.

Con el tiempo, fue perfeccionando su técnica, y ya el chicharrón no era solo para su familia, sino que también para los amigos que le visitaban. 

 Por ello, Hugo comenzó a comprar en el supermercado en más grandes cantidades la barrigada (corte de carne de cerdo usado para hacer el chicharrón) para su propio consumo. Comenzó a precocer, lo cortaba en pedazos, y lo congelaba. Cuando iba a recibir visita e iba a consumir el chicharrón, lo sacaba, lo descongelaba, “lo llevaba al horno y listo. ¡Estaba hecho un experto!”.

 “En cada país se hace el chicharrón de manera diferente, tienen técnicas diferentes, pero si tú te sales de algún paso, hay algo que no te va a salir bien. El chicharrón es muy similar a la repostería. Tienes que tener todo el proceso bien exacto. El proceso que vas a hacer tiene que ser muy específico, dependiendo de la técnica que vayas a utilizar. Entendí cómo era la técnica, y empecé a desarrollar mi propia técnica, porque aquí en el país hay una escasez de cerdo, y lo que hacía era que cuando encontraba la barrigada en el supermercado, que nunca estaba disponible la pieza completa para llevártela para la casa, yo aprovechaba y compraba hasta 25 libras, porque estaba cocinando chicharrón interdiario, porque siempre tenía una actividad en mi casa”. 

El chicharrón se comenzó a convertir en la especialidad de Hugo. Cuando sus amigos y familiares lo visitaban, le pedían que lo hiciera. Es decir, “se convirtió en una tradición familiar”.

 “Yo no estaba pensando en negocio, pues estaba trabajando con mi suegro. Estaba tranquilo, no tenía ningún problema. Ahora, yo tenía una pequeña necesidad económica de aumentar un poco mis ingresos, porque nosotros acabábamos de comprar un apartamento, y era una inversión medio fuerte, pero ese era el único problema que tenía”, recuerda Beras.

 Nace Hugo Pork

Una noche, mientras preparaba la cena, Hugo le dice a su esposa que quiere buscar una fuente de ingreso adicional, pero algo que le apasionara, y pensando en eso, se dio cuenta que su pasión era la comida. 

 “Yo le digo: ‘vamos a hacer algo que podamos hacer desde la casa y que sea un ingreso adicional’. Y esa noche, voy a la cocina, vamos a cenar, saco una pieza de chicharrón, saco una tortilla, un guacamole, y digo: ‘espérate, yo tengo algo aquí’. Y me siento con mi esposa, con mi chicharrón puesto en el horno, y le digo: ‘si yo cojo esto, y le pongo una marca, y lo pongo en los supermercados, que no tenga que coger órdenes, que no se convierta en un catering, ¡esto pudiera ser algo interesante!… Esto puede ser muy innovador, ya que será muy fácil tomar  un chicharrón, sacarlo del empaque, ponerlo al horno, y listo”. 

 Esa misma noche eligieron un nombre: Hugo Pork. “El nombre sale en una conversación muy casual. El logo sale ahí mismo. Llamé a una amiga para que me diseñe el logo. Le dije: ‘Hugo, 4 letras, Pork, 4 letras, y pónmele un cerdito en una de las o, que no parezca tanto que es un cerdo, que no quiero que la gente se asuste’. Y ella me hizo tres propuestas y, al otro día, elegí una y registré el nombre”. 

Ya Hugo sabía lo que quería hacer, tenía un nombre, tenía un logo, pero ahora necesitaba ajustar su receta para que pudiera funcionar para el público en general. 

 “Yo tengo dos etapas, de dos recetas, y dos técnicas diferentes. Una es la que yo desarrollé, para mi propio consumo, que dominaba en mi horno. Ese es un proceso, pero el de Hugo Pork es otro. A mí me tomó un año poder encontrar el proceso exacto de lo que quería lograr. 

Entonces, entendí que tenía que trabajar una receta que fuera universal, no que solo funcionara con mi horno, a esta temperatura, y en este tiempo, sino que tenía que hacer un método que la merma no fuese lo suficientemente alta para que el producto no fuese tan caro, para que la gente lo pudiese consumir. Yo tuve que comenzar, como quien dice, desde cero, pero con mucho conocimiento, pero tenía que hacerlo de nuevo, ajustar aquí y allá, la condimentación ajustarla también. Yo tenía todos los parámetros que me funcionaban a mí, pero tenía que ajustarlo para que le pudiera funcionar a todo el mundo”.

 En ese momento, Hugo trabajaba con su suegro de 8:00 am a 5:00 pm, y cuando llegaba a su casa comenzaba a hacer sus producciones y, en ocasiones, se quedaba hasta las tres de la mañana midiendo los cambios de temperatura del horno.

“Si lo pones a una temperatura, qué tanto sube, qué tanto baja, hasta que el fuego prenda de nuevo. Todo eso, para ver un punto medio. El control de la temperatura no era lo más importante, era la reacción, cómo los termostatos están preparados para apagar fuego y prender fuego; qué tanto margen le dejan para arriba y para abajo. Yo lo hice en varios hornos. Eso me dio un resultado y dije: ‘yo creo que debe ser en 450 grados’. 

 En busca de un proveedor

Esta entrevista se llevó a cabo en la cocina de la casa de Hugo, una cocina bastante amplía, y mientras conversábamos, interrumpe la entrevista para consultarnos si queremos probar su chicharrón.

Obviamente, la respuesta fue positiva, y Hugo se levantó para poner en el airfryer unos cuadritos de chicharrón, que solo de explicarnos lo crujiente que sale el ‘cuerito’, “se nos hacía la boca agua”.

 Hugo regresa y continúa su relato: “Para ese momento, era el 2018, y yo comencé a buscar proveedores, porque no conocía a nadie en este negocio.

Un cliente que yo tenía, dentro de la empresa de mi suegro, me dio dos contactos de personas que tenían matadero… ¡Eso fue un desastre!… las piezas que me mandaron. Yo no había tenido la experiencia de comprar un cerdo malo.

Hoy hablo de este tema, y es un tema que me duele, que me molesta, porque la industria de cerdo de este país está, como está de mal, por esa gente que anda queriendo ganarse todo, y dándole basura a esos cerdos, ¡de ahí vienen las enfermedades!

Entonces, comienzan a matar a los otros cerdos, que están siendo criados de manera correcta, y nos vemos afectados todos los que estamos en la industria. Eso se está tratando de resolver, pero todo se toma su tiempo”. 

 Al tercer intento de conseguir un proveedor, decide llamar a Centro Cuesta Nacional (CCN), porque la carne que él compraba para compartir en familia la adquiría en el supermercado Nacional.

“Llamé a CCN y les pedí que me vendieran 200 libras semanales, al por mayor, porque yo tenía un negocio (les dije) que no puedo comprarla a precio de supermercado. Y ellos me dicen que ‘van a investigar con el departamento correspondiente y me dejarán saber’.

Me llaman al rato, y me dicen que ‘pudieran despacharme 50 libras semanales’. Pero yo, de ‘freco’ pidiendo 200 libras, porque: ¿quién me dijo a mí que yo iba a vender 200 libras semanales? Pero, yo insisto, y les digo que hagan un esfuerzo. Y me dicen que envíe un correo, y les explique la idea que yo tenía, qué es lo que quiero hacer con eso, para ellos poder asegurar que me iba a mantener comprándoles”. 

 Hugo les redactó su idea completa y les envío el correo. A los 10 minutos recibió una respuesta.

“Y yo siempre hago esta observación: una empresa como CCN no están pendientes de responderte un correo tan rápido, y menos de gente que no conocen. Ellos me respondieron diciéndome: ‘¡Hugo, nosotros queremos verte, ¿puedes venir mañana a las 10am?’. Cuando ellos me dijeron eso, lo primero que pensé fue: ‘tengo que hacerles una presentación’”. 

 Hugo ya tenía planeado lo que iba a hacer. Así que se fue a una imprenta, imprimió las etiquetas con su logo, y buscó dos paquetes con su chicharrón precocido, y salió a su reunión, al otro día…

 “Los paquetes los tenía envuelto de una manera que se veía muy casero. Y lo que hago es que me voy a una tienda con mis dos productos, cojo un hornito eléctrico que yo tenía, una tabla de cortar, un cuchillo, y me voy a una tienda donde venden máquinas de empacar al vacío para industrias. Llego a la tienda, y les explico que tenía una reunión muy importante, y quería que me empacaran el producto al vacío, en una de las máquinas que ellos tenían… Y les dije: ‘Si me va bien en esta reunión, tú puedes estar seguro que voy a venir a comprarte una máquina, pero yo quiero que me lo empaques, porque quiero que se vea más profesional. Y la persona entendió. Sacamos el producto, lo pusimos en la máquina, se le ensució la máquina (Risas)… Lo empacamos al vacío, le pusimos la etiqueta, y me fui”.

 Hugo llegó a CCN a la hora acordada, y preguntó dónde podía conectar el hornito para hacer una pieza (llevó todos sus equipos y herramientas). Los ejecutivos de CCN, recuerda Hugo, no podían creer que él fuera a preparar un chicharrón en la oficina.

 “Me preguntaron que, si yo iba a cocinar eso ahí mismo, y les respondí: ‘yo les dije en el correo que eso era un tema de 20 minutos’. Conecté el horno en una cocina corporativa que ellos tenían, saqué mi pieza, y la dejamos ahí mientras nos íbamos a la sala de reunión”.

 En la sala de reunión, Hugo sacó su segundo paquete, y comenzó a explicarles su proyecto.

“Les hago un resumen de cómo llegué a crear ese concepto. A los 20 minutos, me suena la alarma de que el chicharrón estaba listo, pero yo estaba asustado, porque pensaba: ‘si esto me falla’. Esa era la única oportunidad que tenía, y yo no acostumbraba a hacerlo en ese hornito, y las freidoras de aire, en ese tiempo, no se estaban utilizando… Pero ¡quedó perfecto! Lo puse en la tablita, y se los llevé”. 

 En la reunión había directores y gerentes, pero en un momento, entró el vicepresidente Comercial de CCN, que quería usar la sala de reunión donde estaban reunidos, y cuando abrió la puerta preguntó: ¿qué estaban haciendo?

 “Le explicaron que yo estaba presentándoles un chicharrón que viene precocido y que lo terminas en 20 minutos en tu casa. Y él se sienta y le doy el cuchillo para que lo corte… Y él solo decía: ‘¡qué productazo!’. Cada quien lo probó y les encantó”. 

 Cuando se termina el chicharrón, ellos le preguntan a Hugo, ¿cuánto va a costar una pieza?, “y yo les digo que eso va a depender del precio que podamos negociar. Y ellos me dijeron: ‘te vamos a vender 500 libras’. Yo me puse rojo cuando escuché eso. Yo trabajando desde mi casa, y no era desde aquí, era un apartamento… Y me dicen: ‘500 libras semanales, pero tú nos vas a dar la exclusividad de ese proyecto’. Y yo pensaba: ‘yo no he vendido ni una libra de chicharrón y ya esta gente quieren la exclusividad’”. 

 La respuesta de Hugo fue: “vamo’ arriba”. Lo único que les pidió fue tiempo, porque necesitaba conocer a sus primeros clientes que le iban a comprar el producto para darles seguimiento, y los ejecutivos de CCN le concedieron el tiempo. “Pero, les pedí que me comenzaran a despachar. Arrancamos, me crearon un código como proveedor, para cuando yo fuera a una tienda a comprar, ellos me pudieran aplicar el descuento”. 

 “Cuando salgo de CCN, le hago el mismo speech a mi hermano (Hugo Beras). Voy a la oficina de mi hermano, porque yo trabajé con él 10 años, y le tengo mucha admiración a mi hermano, y sé que es una de las personas más emprendedoras que hay.

Le explico el proyecto y le digo que necesito capital, porque yo no tengo. Necesito comprar un freezer, la materia prima. Comprar la máquina de empacar, que me costó 5,000 dólares… Además, necesitaba un espacio. Entonces, él tenía un negocio que estaba en proceso de mudar y me ofreció ese espacio para hacer la producción ahí. Yo comencé en mi casa, me llegaron las primeras 500 libras, retiré 100 libras, hice mi proceso, se vendieron. Retiré 100 más y se vendieron”. 

 Vende su primer chicharrón

Un 28 de agosto de 2018, su amigo Josué tenía una actividad en su casa y lo llama para preguntarle si tenía del chicharrón que él siempre preparaba. Hugo le explica que tiene un proyecto para comenzar a venderlo, que cuando lo hiciera, lo tagueara en su cuenta de Instagram.

“Mi amigo Josué me compró mi primer chicharrón. Hizo un video y lo subió a Instagram y tagueó a Hugo Pork. Otros amigos, que vieron el video, comenzaron a llamarme y a pedirme chicharrón. Y la gente comenzó a subirlo a Instagram. En 10 días, ya tenía 300 y pico de seguidores”. 

 A mediados de septiembre, solo sus amigos más cercanos le habían comprado. “Hasta que llamó una clienta, que nadie conocía, y dije: ‘si esa clienta vuelve a comprar, nosotros tendremos un proyecto exitoso. Porque ella no tiene ningún compromiso conmigo, los otros eran mis amigos… Una semana después, me volvió a llamar la señora, que tenía una actividad y quería chicharrón. Y yo le dije a mi esposa: ‘¡ya tenemos un negocio!’”. 

 En ese momento, Hugo estaba necesitando más de 500 libras de carne de cerdo a la semana. “Yo iba todos los días a CCN, retiraba la carne y la iba produciendo, y vendiendo”.

 En octubre, se fueron al local de su hermano. Ya el negocio estaba funcionando, tenía dos empleados. Entonces, comenzaron a comprar los utensilios que necesitaban.

 “Yo le dije a CCN que comenzaba a entregarle el 13 de octubre. Y comencé a ajustar mi proceso para que salga más rápido. Llega el 10 y los llamo: ‘les digo que no les puedo despachar porque aún no estaba listo’. Pero luego, el 13 de noviembre, pusimos un post en Instagram que decía: ‘Ya está disponible en El Nacional de la Lope de Vega’”. 

Ese día, El Nacional le puso una orden de 60 libras para venderla en la sucursal de la Lope de Vega. “Y yo les decía que era muy poco y ellos me dijeron que tenían que comenzar al paso… Y yo fui a la tienda a hacer la degustación en el supermercado, y en menos de una hora se vendieron las 60 libras. Repusimos 60 libras más, ¡y se vendieron otra vez! Ese día vendimos más de 200 libras”. 

 Al día siguiente, CCN le puso otra orden, esta vez de 100 libras. “Y se vendió. Al tercer día, me pusieron una orden de más de 200 libras, y se vendió el mismo día”.

 Ya en diciembre, Hugo tenía 10 personas trabajando. Y hasta ese momento, seguía trabajando con su suegro. Pero luego, los ejecutivos de CCN le dicen que están listos para colocar el producto en cinco tiendas más.

“Y me preguntan si puedo despachar al centro de distribución. Les dije que sí, me pusieron una orden de 1,000 libras…. Por lo que tuve que tomar vacaciones para ponerle frente a este pedido”. 

 Amanecieron trabajando para poder entregar a las 9:00 am en el Centro de Distribución. Pero, Hugo pasó por alto que le habían dado una temperatura específica a la que debía entregar el producto. Sin embargo, el chicharrón estaba acabado de salir del horno, estaba caliente, lo que quería decir, que no podía entregar el pedido.

“Llamo y les explico. Y me dijeron que no había problema, y me dieron otra fecha de entrega. Yo pensé que me iban a decir que no podían trabajar conmigo. Pero luego, terminé comprando 35 freezer y después de ahí fue puro crecimiento… En ese diciembre vendimos 15,000 libras”.

Nuevos productos

Hugo Pork comenzó con el chicharrón, luego sacaron la porchetta, producto que lo tenían agendado para salir tres meses después de colocado el chicharrón. Después, salen los Bites, que son los cuadritos de chicharrón, que surgen como una necesidad de tener el chicharrón listo más rápido, y posteriormente de colocar estos tres productos en el mercado, entra la pandemia…

 “Yo nunca tuve la materia prima suficiente para abastecer al mercado dominicano, hasta hace dos semanas. Pasaba por alguna razón o porque no teníamos estructura para hacerlo, o porque no teníamos la materia prima del chicharrón, específicamente.

Pero en pandemia, tuvimos la disponibilidad de contar con la materia prima de todo aquel que no la estaba comprando, porque tuvo que cerrar su negocio, y con el aumento de la demanda, porque la gente estaba en su casa. 

Ahí surge la costilla deshuesada. Nos llama un proveedor y me pregunta si tenía algún producto con costilla, porque él tenía un exceso de costilla, y le dije que ‘siempre había querido sacar unas costillas deshuesadas, pero no había tenido la disponibilidad de materia prima’. Y el compromiso que hicimos fue que yo le podía comprar las costillas, pero cuando abriera el mercado, me tenía que seguir vendiendo, porque no podía introducir un producto al mercado para después sacarlo… Sacamos la costilla y eso fue un éxito total; luego viene la longaniza, que es la única longaniza que no repite. Y así fueron saliendo los demás productos”. 

 En un momento, en el 2022, recuerda Hugo, comienza a escasear los cerdos aún más.

“Nosotros tenemos una demanda interesante, manejando una cantidad de libras interesante, y los precios comenzaron a subir y a escasear y nuestro miedo era: ‘y si nos quedamos sin cerdo’. Traerlo de fuera era un problema, porque estaba caro también. Entonces, decidimos diseñar productos nuevos, que no tienen que ver con cerdo. Así fue como desarrollamos Hugo Chick, un producto que ha sido todo un éxito. Gracias a Dios nunca fue necesario para sostener la empresa, porque nunca llegamos al punto que creíamos que podíamos llegar. Pero, fue todo un éxito la salida del pollo”.

La internacionalización

Hugo, ¿cómo llega Hugo Pork a venderse en Estados Unidos?

“Nosotros comenzamos una investigación de quién nos pudiera abrir las puertas en Estados Unidos para producir los productos allá, porque el cerdo no puede salir de aquí.

Una persona que sabía que nosotros estábamos haciendo esa gestión, conocía un evento que iba a suceder en Santiago, donde iba a participar un empresario norteamericano que le gusta mucho los productos innovadores. Él tiene una compañía de distribución en Nueva York de productos congelados. El mercado dominicano en Nueva York es su principal cliente, y ellos hacen un evento benéfico en Santiago, y nosotros patrocinamos ese evento para poder conocer a esa persona. Yo llevé toda la proteína del buffet que se iba a hacer, un buffet como para 500 personas, y nosotros conocimos a ese empresario y le hicimos una presentación rápida, entre música y gente. Le explicamos cómo funcionaba, lo prueba, le encanta, nos da su tarjeta, y me dice que quiere que nos reunamos la semana siguiente. Eso fue un 14 de marzo de 2020. ¡Tres o cuatro días después cerraron el mundo!… Nosotros nos quedamos en el aire. Y esa conversación se quedó en pausa. Pero, fuimos insistentes, y él nos envía un correo y nos pone en contacto con otra persona y esa persona comienza a darnos seguimiento. En el 2021, conseguimos una planta en California que nos iba a hacer el producto, comenzamos los ensayos, se hizo un entrenamiento. Ellos trabajan con todo el protocolo de nosotros, y la internacionalización se dio así. Nosotros allá tenemos socios, no distribuidores”.

 ¿En qué momento llegan a Guatemala y El Salvador?

“En el 2021, yo iba a hacer un media tour en Santiago, porque estábamos lanzando la longaniza. Y yo estaba trabajando en el hotel donde me estaba hospedando, y tenía puesto mi t-shirt de Hugo Pork. Y unos señores, con acento extranjero, se me acercan y me dicen que quisieran saber de qué manera pudieran comunicarse con la gerencia de la compañía donde yo trabajo. Y mi respuesta fue: ‘Yo soy Hugo’. Y ellos me dicen que son de Guatemala y se encontraron, por pura coincidencia, con mi producto en El Nacional. Ellos estaban en Santiago por una reunión que tenían, y vieron interesante lo que estábamos haciendo, y me dijeron que ellos tenían necesidad de productos con innovación del cerdo. Hoy en día, ellos son nuestros socios en Guatemala, en el Salvador, Centroamérica y parte de Latinoamérica. Nuestro próximo paso es México y Colombia”. 

Hugo IV Beras inside

Hugo, llama la atención tu nombre que tiene un número, ¿por qué te llamas Hugo IV?

“Cuando mi mamá estaba embarazada de mí, el nombre que había decidido era Juan Carlos, pero en la clínica mi mamá decide ponerme Carlos Manuel, porque su papá estaba delicado de salud en ese momento.

Pero, cuando mi papá me iba a declarar, decidió que me iba a llamar igual que él. Mi papá se llamaba Hugo Máximo, mi hermano mayor se llama Hugo Máximo; mi otro hermano se llama Hugo Marino; y tengo un tercero, que se llama Carlos Julio, y yo soy el cuarto hijo y el cuarto Hugo, incluyéndolo a él, y por eso decidió ponerme Hugo IV”. 

¿Dónde te gustaría ver a Hugo Pork?

“Yo quiero que Hugo Pork, mundialmente hablando, que forme parte de la gastronomía del día a día de cualquier familia, con cualquiera de los productos… Que haya un producto que forme parte de tu día a día a nivel mundial”.

¿Qué es el éxito para ti?

“No es lograr ganar dinero. Yo creo que es levantarse todos los días y hacer lo que realmente quieres hacer. Yo creo que ahí es que tienes éxito. El éxito no es lograr una meta específica, sino lograr una serie de momentos que te hacen feliz, que te dan paz”.

¿Quién te dio el mejor consejo y cuál fue?

“Mi suegro, Joaquín Edmundo García (don Mundo): ‘Tienes que seguir innovando’. Él no me quiso dar un consejo, él me quiso dar un boche, pero fue algo que a mí me abrió mucho la mente. Cuando saco el chicharrón, yo tuve una conversación con él, y le dije que ya había colocado el producto en CCN, ‘ya yo estoy tranquilo’. Y él me dijo: ‘¿tú te vas a quedar con un solo producto? Tú tienes que seguir innovando, no puedes pararlo ahí, darles este producto a los consumidores y frenar. Tienes que seguir haciendo otras cosas y tienes que pensar, tienes que crear’. Eso fue algo que lo tuve muy presente todo el tiempo, y eso me llevó a crear una cartera de productos que ni siquiera he sacado al mercado”. 

¿A quién admiras?

“A mi esposa. Patricia García (Pachy) ha sido la persona más importante en todo este negocio. Ella nunca pensó que esto fuera una locura, ella me dejaba amanecer. Yo sacrifiqué esas primeras semanas, esos primeros meses del nacimiento de nuestro hijo, donde no la ayudé, donde estaba solamente enfocado en esto, y ella nunca me hizo sentir mal, nunca me ha hecho sentir culpable. Y se encarga de cada detalle de los niños. Es la que maneja el servicio al cliente de Hugo Pork y lo hace muy bien”.

¿Quién es hoy Hugo IV Beras Goico?

“Hugo Pork… Literalmente, totalmente. Yo creo que yo soy mi marca y, al final, me convertí en la misma persona que la marca representa. Una persona innovadora, una persona que vive para disfrutar la satisfacción del otro con lo que yo hago. Vivo un sueño, un sueño que a veces no me lo creo. 

Soy el papá de Hugo Joaquín y Mateo, que son los fanáticos número uno y número dos de Hugo Pork, a nivel de consumidor. Yo no te puedo explicar lo que a mí me llena eso.

Soy el esposo de Pachy. Soy el mejor amigo de muchos. Soy de los que les gusta tener gente en mi casa. Me gusta presentarle todo lo que hago a mis amigos primero, a mi familia. Sentarme a hablar de las derrotas que tengo, de los éxitos que tengo. Soy una persona muy abierta, una persona que no anda con rodeos. Soy franco, transparente, sentimental, totalmente sentimental, ahora mismo estoy a punto de llorar… Y me siento una persona superada. No espero más de lo que ya tengo”.

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