Linchamiento social: te puede pasar a ti

Nadie sale de su casa pensando en que será la próxima víctima de un hecho delictivo, o que ese hecho te encontrará dentro de tu propia casa. Tampoco se nos ocurriría pensar que somos responsables de las cosas malas que nos puedan llegar a pasar, porque un grupo de “expertos en CSI” en las redes sociales le dan una lectura retorcida a todo.

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October 20, 2026

Cuando leí la noticia del asesinato de la esposa del merenguero Julián Oro Duro, quien también resultó gravemente herido, y que el móvil había sido el robo, se me encogió el corazón. Es inevitable sentir esa sensación de inseguridad, de pensar que puede venir alguien y atacarte dentro de tu propia casa. 

Lo más lamentable es que los atacantes eran personas “de confianza”. Y no es la primera vez que pasa. En noviembre de 2012, una pareja de ancianos fue asesinada en el Evaristo Morales, dentro de su propia casa, para robarle joyas y dinero en efectivo. En ese hecho, dos empleadas domésticas también fueron asesinadas, pero una de ellas, habría participado en la elaboración del plan para robar en la casa donde trabajaba. 

Y, aunque este tipo de casos
vuelvan y sucedan, no dejan de sorprender y horrorizar.

Pero, hay un hecho que horroriza más, y se trata de la falta de empatía de los que “se creen expertos en criminalística”, y le quieren buscar la quinta pata al gato a todo. Leer comentarios acusando a la víctima mortal de “dar confianza a sus agresores”, o que Julián “estaba detrás del hecho”, es simplemente ser muy retorcido. 

Aprovechar la imagen de sus hijas, entrando a la funeraria a despedir a su madre, que fue brutalmente asesinada, y leer comentarios criticando que “los velatorios tienen códigos de vestimenta”, que si no debían llevar
un “jersey tapándose la cara”, es realmente repugnante. 

 Hay un ejercicio muy necesario que debemos hacer de vez en cuando, y es ponernos en los zapatos de los demás. Tratar de entender lo que están sintiendo esas muchachas que llegaron al país y encontraron a su madre dentro de un ataúd. 

 Pero esto no se queda ahí: en septiembre pasado, el joven Gustavo Adolfo III Mejía-Ricart Risk, de 23 años, recibió múltiples puñaladas cuando llegaba en la madrugada a su casa, de manos de un asaltante. En esa ocasión, la familia del joven no solo tuvo que vivir la pesadilla de casi perder a su hijo llegando a casa, sino el “linchamiento social”. De las conjeturas de un grupo de personas, que se sienten con la libertad de juzgar “la hora a la que llega un joven de 23 años a su casa”. Supongo que cuando ellos estaban en la universidad, nunca salieron de noche, y ellos eran “cenicientas” que se acostaban a las 12:00 am.

 Querer responsabilizar a ese joven de lo que le había pasado, en lugar de cuestionar el estado mental en que debe estar una persona, para llegar a agredir a otra con tanta saña, a pesar de no resistirse al robo, me parece más relevante. 

El linchamiento social es porque las víctimas deberían actuar como los “expertos de las redes”, que tienen su vida claramente planificada, hasta para lo impredecible. 

Asimismo, pasó con el caso de una joven que fue abusada en un centro de masajes. Y que la gente la señale porque debió actuar de una u otra forma, o por el tiempo que se tomó para denunciar el caso, es inaceptable…

Cada vez, más mujeres temen denunciar que fueron abusadas, porque en las redes quieren hacer un circo de todo esto; las quieren hacer responsables por el mal comportamiento de otro, y mientras tengamos esta actitud tan desenfada para juzgar y dar lecciones de moral de lo que debería ser, y de cómo debieron haber actuado las víctimas, mientras no aprendamos a ponernos en el lugar de la otra persona, vamos a seguir estando muy mal como sociedad.  

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