Las palabras tienen poder, ya sea las uses con buena o mala intención. Lanzar críticas sobre otras personas, es como tirar un hechizo de magia negra: hace daño. Así lo explica el Dr. Manuel Ruíz, en su libro Los Cuatro Acuerdos. Cuando vives sin criticar, sin suponer, respetando tu palabra, vives más ligero, por ende, más feliz.
Desde pequeños, nos enseñan a cuidar nuestras acciones, pero pocas veces nos advierten sobre el poder, devastador o transformador, de nuestras palabras. El escritor mexicano, Miguel Ruiz, lo explica en su libro Los Cuatro Acuerdos, una obra basada en la sabiduría ancestral de los toltecas, en el que sus aprendizajes permanecen miles de años después.
Estos cuatro acuerdos nos invitan a romper las creencias limitantes que nos hemos impuesto desde la infancia y que, sin darnos cuenta, gobiernan cada decisión de nuestra vida. Y, aunque puedan parecer obvios, si los aplicas en tu vida, te regalarás paz.
Primer acuerdo: sé impecable con tus palabras. “Según cómo las utilices, las palabras te liberarán o te esclavizarán aún más de lo que imaginas…Todo ser humano es un mago, y por medio de las palabras, puede hechizar a alguien o liberarlo de un hechizo. Continuamente, estamos lanzando hechizos con nuestras opiniones”, asegura Ruiz.
El primero de esos acuerdos no se trata únicamente de no mentir. Ruiz va mucho más lejos: las palabras son energía, y dependiendo de cómo las uses, pueden construir mundos o destruirlos.
Lanzar una crítica hiriente sobre alguien, o murmurar a sus espaldas es, según el autor, como lanzar un hechizo de magia negra: el daño es real, aunque no siempre lo veamos de inmediato.
Ser impecable con tus palabras implica respetarla. Que la confianza que generes al decir algo, sea como un contrato escrito en piedra.
Segundo acuerdo: no te tomes nada personal. “Cuando te tomas las cosas personalmente, te sientes ofendido y reaccionas defendiendo tus creencias y creando conflicto. Haces una montaña de un grano de arena, porque sientes la necesidad de tener razón y de que los demás estén equivocados”.
No tomar nada personalmente nos libera de la trampa de creer que todo lo que los demás dicen, o hacen, tiene que ver con nosotros. Muchas veces, lo que los demás dicen o hacen, tiene más que ver con ellos que con nosotros; tiene que ver con sus miedos, con sus limitaciones, con su forma de ver la vida: nadie se despierta cada día pensando en cómo hacerte la vida imposible.
Tercer acuerdo: no hagas suposiciones. “Tendemos a hacer suposiciones por todo. El problema es que al hacerlo, creemos que lo que suponemos es cierto. Juraríamos que es real. Hacemos suposiciones sobre lo que los demás hacen o piensan, nos lo tomamos personalmente y, después, los culpamos y reaccionamos enviando veneno emocional con nuestras palabras.
Si no entiendes algo, en lugar de hacer una suposición, es mejor que preguntes y que seas claro. El día que dejes de hacer suposiciones, te comunicarás con habilidad y claridad, libre de veneno emocional. Cuando ya no hagas suposiciones, tus palabras se volverán impecables”.
No hacer suposiciones nos ahorra conflictos innecesarios, que nacen de historias que nos inventamos en la mente. Aunque creamos saber lo que piensan los demás, es imposible saberlo. La única manera de estar en la misma sintonía es preguntar.
Cuarto acuerdo: haz siempre lo máximo que puedas. “Hacer lo máximo que puedas, significa actuar porque amas hacerlo, no porque esperas una recompensa. La mayoría de las personas hacen exactamente lo contrario: sólo emprenden la acción cuando esperan una recompensa, y no disfrutan de ella”.
Esto nos recuerda que el esfuerzo honesto, sin perfeccionismo, es suficiente. Mientras menos expectativas te crees, menos decepciones tendrás.
Estos son, creo yo, cuatro compromisos contigo mismo, que si los aplicas a diario, te ahorrarás disgustos y vivirás más simple y feliz.
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