El Centro de Estudios e Intervención de la Conducta (CESIC) de la Universidad Iberoamericana (Unibe) está de aniversario. Hace 25 años, la casa de estudios quiso ofrecer servicios de salud mental a bajo costo, accesible, y abierto a toda la población, para responder a las necesidades que en ese momento eran prioritarias, como la atención infantil, la orientación a las familias y la evaluación psicoeducativa. “Con los años, esos servicios se han ido ampliando al ritmo de las necesidades emergentes del país, incluyendo la atención a niños, niñas y adolescentes en situación de violencia”, explica Yira I. Vargas Caminero, Ph.D., directora de la Escuela de Psicología de Unibe.
La intervención de la conducta comprende un conjunto de principios y estrategias psicológicas aplicados de manera sistemática para comprender y modificar conductas, promover habilidades funcionales y favorecer el bienestar y la adaptación de las personas en distintos contextos, como la familia, la escuela y el ámbito clínico. Entre sus objetivos se encuentran disminuir conductas que generan dificultades, fortalecer habilidades sociales, comunicativas y de autorregulación, y promover conductas adaptativas mediante estrategias como la enseñanza de nuevas habilidades y el reforzamiento. También contempla la modificación de aspectos del entorno y la participación de familiares, docentes y otros profesionales para favorecer cambios sostenibles y su generalización a diferentes situaciones.
En República Dominicana, en 2001, se creó el Centro de Estudios e Intervención de la Conducta (CESIC), que nació precisamente como un espacio de extensión de la Universidad Iberoamericana
(Unibe) hacia la comunidad.
Hace 25 años, Unibe inició el centro ofreciendo servicios de salud mental a bajo costo, y abierto a toda la población, para responder a las necesidades que en ese momento eran prioritarias: la atención infantil, la orientación a las familias y la evaluación psicoeducativa. Desde el inicio, tuvo también una vocación académica, como lugar de formación, práctica e investigación.
“Con los años, esos servicios se han ido ampliando al ritmo de las necesidades emergentes del país, incluyendo la atención a niños, niñas y adolescentes en situación de violencia, y los servicios de análisis de conducta aplicado. Esa doble misión, servir a la comunidad y formar profesionales desde la experiencia real, es la que nos ha sostenido durante estos 25 años”, explica Yira I. Vargas Caminero, Ph.D., directora de la Escuela de Psicología de Unibe, entrevistada por revista CONTACTO.

Necesidades psicológicas Dra. Yira, 25 años después,
¿qué ha cambiado en las necesidades psicológicas de la población dominicana?
“Ha cambiado tanto la demanda como la forma en que la gente se acerca a la psicología. Hace 25 años, ir al psicólogo todavía cargaba mucho estigma; hoy, las personas llegan más informadas y con más disposición a pedir ayuda. También, han cambiado los problemas: vemos más consultas relacionadas a las necesidades de las familias que tienen algún miembro con algún tipo de discapacidad, con el impacto de la tecnología en la salud emocional, y con las secuelas de la pandemia en el bienestar de familias, jóvenes y trabajadores, y necesidad de servicios especializados como ABA y atención a NNA en situación de violencia. Lo que no ha cambiado es que la necesidad sigue siendo mayor que la oferta de servicios accesibles, y ahí los centros universitarios tenemos una responsabilidad clara”.
¿Qué características debe tener hoy un psicólogo que quizá no eran tan necesarias hace 25 años?
“Primero, una sólida formación en práctica basada en evidencia: profesionales competentes que posean estudios de grado y postgrado, que los habilitan en sus áreas de especialidad, y que les permita aportar a la creación de conocimiento en psicología a través de la investigación. Segundo, sensibilidad hacia la diversidad y la inclusión, entender que las personas con discapacidad, las familias diversas y las poblaciones vulnerables, tienen derecho a servicios pensados para ellas. Tercero, competencias digitales, tanto para trabajar en entornos virtuales, como para comprender cómo la vida digital afecta la conducta. Y cuarto, capacidad de trabajar en equipos interdisciplinarios y de incidir más allá de la consulta, en escuelas, comunidades y política pública. A eso le sumaría algo que siempre fue necesario, pero hoy es urgente: el autocuidado del propio profesional”.
¿Qué significa para ustedes cumplir 25 años en un área tan vinculada a las transformaciones sociales como la psicología?
“Significa haber acompañado a la sociedad dominicana en un cuarto de siglo de cambios profundos, y haber tenido que transformarnos con ella. Para mí es, sobre todo, un motivo de gratitud hacia las personas que han confiado en nosotros para atenderse, hacia los estudiantes que se formaron aquí, y hacia los profesionales que han sostenido este proyecto. Pero, también, es una responsabilidad: 25 años nos obligan a mirar hacia adelante y preguntarnos cómo seguimos siendo relevantes en un país que necesita cada vez más servicios de salud mental accesibles, éticos y basados en evidencia”.
¿Cuáles proyectos o iniciativas emblemáticas desarrolladas en el CESIC, a lo largo de estos 25 años, destacan por su contribución directa a la comunidad?
“Me gustaría destacar tres. La
primera, es la Unidad de Atención a Niños, Niñas y Adolescentes en
Situación de Violencia (UAV-Unibe), que ofrece atención especializada, investiga, forma profesionales y desarrolla proyectos para fortalecer la prevención y la atención dentro del sistema de protección infantil del país.
La segunda, es la Unidad de Análisis del Comportamiento Aplicado (ABA), un espacio de intervención basado en principios científicos que ayuda
a reemplazar conductas disruptivas por comportamientos socialmente adecuados, y a enseñar de forma sistemática habilidades para el aprendizaje y la vida diaria.
Y la tercera, el Programa de Intervención Grupal para Niños con Autismo (PIGA), un programa especializado de preinserción escolar para niños de 3 a 6 años recién diagnosticados. Trabaja de forma grupal las habilidades de comunicación y las habilidades sociales, para que puedan dar el paso hacia la escuela en las mejores condiciones posibles.
Lo que une a todas estas iniciativas es que salen del consultorio para llegar a familias, escuelas, empresas e instituciones”.
Psicología, profesión crucial para el desarrollo de la sociedad
Dra. Yira, ¿a qué atribuye que la Psicología se haya consolidado como una profesión tan crucial para el desarrollo de la sociedad actual?
“A que cada vez entendemos mejor que no hay desarrollo sin salud mental. Un país que quiere mejorar su educación, su productividad, su convivencia y su seguridad, necesita entender la conducta humana y cuidar el bienestar emocional de su gente. La psicología aporta precisamente eso: conocimiento científico sobre cómo pensamos, sentimos y actuamos, y herramientas para prevenir, intervenir y acompañar”.

¿Qué problemas de salud mental en República Dominicana considera que todavía necesitan mayor investigación?
“Tenemos mucho por investigar. Necesitamos más datos locales sobre la salud mental de niños y adolescentes, incluyendo el impacto de la violencia escolar y del entorno digital. Nos falta conocer mejor la salud mental de las personas con discapacidad y de sus familias, y cómo nuestras instituciones educativas responden a la inclusión. También, es necesario investigar el efecto de la violencia intrafamiliar en el desarrollo, la salud mental de los cuidadores y el acceso real a servicios en zonas fuera de las grandes ciudades. Y algo fundamental: validar y adaptar instrumentos de evaluación a nuestro contexto, porque muchas veces trabajamos con herramientas diseñadas para otras poblaciones.
Nada de esto será sostenible sin un sistema nacional de registro de salud mental. Sin datos confiables no sabemos cuántas personas necesitan atención, cuántas la reciben ni si lo que hacemos funciona.
Mi sugerencia es no crear un sistema paralelo, sino incorporar un conjunto de indicadores estandarizados al sistema de información de salud que ya existe, empezando por la atención primaria. Debe tener reglas claras de confidencialidad, y datos anonimizados disponibles para que las universidades podamos investigar”.
Desde su experiencia, ¿cuáles son hoy las principales razones por las que las personas buscan ayuda psicológica?
“En la práctica, vemos con mucha frecuencia trastornos de ansiedad, síntomas depresivos, dificultades en las relaciones de pareja y familiares; procesos de duelo, y estrés vinculado al trabajo o a la situación económica, por lo que hay más personas que llegan no porque estén en crisis, sino porque quieren entenderse mejor y mejorar su calidad de vida, y eso me parece un cambio muy positivo”.
¿Qué problemáticas se están viendo actualmente con mayor frecuencia en niños y adolescentes?
“Nos preocupa especialmente la ansiedad, las dificultades en la regulación emocional, el acoso escolar y el ciberacoso, y el uso problemático de pantallas y redes sociales, que afecta el sueño, la atención y la autoestima. También, vemos dificultades de aprendizaje que no siempre se detectan a tiempo y, en algunos casos, conductas de autolesión que requieren atención inmediata. Detrás de muchos de estos casos, hay algo común: niños y adolescentes que necesitan adultos disponibles, que escuchen sin juzgar y que sepan cuándo pedir ayuda”.
¿Qué señales suelen ignorar las personas antes de buscar ayuda profesional?
“Solemos normalizar demasiado. Cambios persistentes en el sueño o el apetito, irritabilidad constante, cansancio que no mejora con descanso, aislamiento, pérdida de interés en cosas que antes disfrutábamos, o la sensación de que ‘no puedo con todo’, son señales importantes.
En niños y adolescentes, los cambios bruscos de conducta o de rendimiento escolar muchas veces se interpretan como rebeldía o pereza, cuando pueden estar comunicando un malestar. Mi mensaje es que no hay que esperar a estar en crisis para consultar: pedir ayuda a tiempo es un acto de cuidado”.
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