En la primera semana de noviembre estuve participando en el taller “Atrévete a ponerte en mi lugar”, de la Fundación Pro Bien, una experiencia inmersiva en la discapacidad física que busca promover soluciones a ese desafío social, a partir de la empatía, la sensibilización y la concienciación de los participantes.
¿Cómo terminé en ese taller? Para mis estudiantes de Creatividad y Design Thinking, en Chavón, Escuela de Diseño, necesitaba una experiencia de inmersión que ilustrara de forma vivencial cómo la generación de empatía conduce a la creación de soluciones centradas en el ser humano. Se me ocurrió llamar a Mildred Minaya, vicepresidenta de Comunicación de la Asociación Popular de Ahorros y Prestamos (APAP), para explorar la posibilidad de involucrar a los estudiantes en algunas de las actividades que me imaginaba realizaba su organización, para sensibilizar a su personal en el tema de la discapacidad, un advocacy que le ha granjeado tanto reconocimiento como diferenciación dentro de la banca nacional.
Para mi sorpresa, Mildred me ofreció mucho más de lo que yo esperaba conseguir, y es así como cinco o seis estudiantes de Chavón, su profesor incluido, y algunos colaboradores de APAP, terminamos en el quinto piso de su edificio principal en Santo Domingo, en las avenidas 27 de Febrero y Máximo Gómez, usando bandas en los ojos, que nos impedían ver; reductores de sonido en los oídos, que nos impedían escuchar bien; y sillas de ruedas, que sustituyeron nuestras piernas.
En general, se nos anuló una capacidad física por persona, pero hubo participantes a los que se les colocaron antifaces y reductores de sonido, simultáneamente, para que vivieran la experiencia de las personas sordas y ciegas a la vez, aunque fuera en una escala mínima.
En esas condiciones, fuimos y usamos el baño del piso quinto de APAP; bajamos hasta la sucursal principal del banco, en el piso uno, ¡por las escaleras! (no sé cómo bajaron los que estaban en sillas de ruedas, pues yo tenía los ojos vendados y me guiaba por un bastón); regresamos al quinto piso por el ascensor, tomamos un refrigerio, y cerramos el taller con una reflexión colectiva sobre las lecciones aprendidas.
Para mitigar riesgos y hacer posible la experiencia, contamos en todo momento con la compañía de los facilitadores del taller, entre los cuales había personas con algunas de las condiciones de discapacidad que experimentamos los participantes. Entre todos, facilitadores y participantes, se generó un ambiente de colaboración en el que las fortalezas de unos compensaban la discapacidades de otros.
Yo, por ejemplo, con un antifaz, empujaba a un participante en silla de ruedas, y con la silla enfrente, me protegía de chocar o de que me chocarán; y él me “prestaba” sus ojos para guiarme y compensar mi “ceguera”. Esta experiencia solo pudo ser posible porque la sede central de APAP responde a lo que se conoce como diseño arquitectónico inclusivo, social o universal. Es decir, sin barreras para la discapacidad.
Lo que nos llevamos
Por curiosidad y por trabajo, he tenido bastantes lecturas sobre el tema de personas con discapacidad y el diseño inclusivo, pero, aun con esta ventaja sobre otros participantes, el taller me dio una nueva perspectiva sobre el concepto de discapacidad, la factibilidad de un mundo sin discapacidad (sin barreras) y el potencial de resonancia positiva casi infiinito que puede tener la acción individual respecto a la inclusión social.
Para APAP, la llegada de miradas frescas significa no solo la oportunidad de conectar y sensibilizar a otras audiencias, sino, además, una ocasión para detectar oportunidades de mejora en su casa y lograr hacerla más inclusiva y habitable.
Para las estudiantes de Chavón, todas chicas de la carrera de Ilustración, se abrió un universo de oportunidades: en un intercambio informal entre el facilitador principal del taller, Federico Corporán, y las futuras ilustradoras, se sembró una semilla creativa que ojalá germinara: el gran aporte que pueden hacer los profesionales de la ilustración en la creación de pictogramas para mejorar la comunicación con personas mudas, sordas o autistas.
Lo que les dejo
Como no puedo pedirle a Mildred que haga este taller para todos mis lectores, les invito a ver la muy interesante e inspiradora charla de TED titulada: “Cuando diseñamos para la discapacidad, todos nos beneficiamos”, que ofrece un abordaje optimista sobre cómo el diseño universal puede ser la solución ante las barreras limitantes que enfrentan cada día millones de personas y, de paso, crear un mundo mejor para todos.
Si se motivan, también les animo a explorar en Internet la trayectoria de la conferencista de esta charla, Elise Roy, abogada, activista de derechos humanos, atleta, diseñadora de muebles y design thinker. Elise es una persona sorda, responsable de la creación de varias soluciones innovadoras, y una profesional destacada en todas las facetas que antes he mencionado, pero, de todas esas facetas, su favorita para crear soluciones a los desafíos sociales de la discapacidad es el Design Thinking. La mía también.
Forma de pago: transferencia o depósito en el banco BHD León a la cuenta 27190380011