Sismos en el Caribe: una alerta para fortalecer la prevención

La tragedia ocurrida en Venezuela y los temblores sentidos recientemente
en República Dominicana recuerdan una realidad geológica de la región:
los terremotos no pueden predecirse, pero sus consecuencias sí pueden reducirse.

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July 27, 2026

Por James García, presidente ejecutivo de Seguros SURA

El 24 de junio, dos terremotos de magnitudes 7.2 y 7.5 sacudieron el norte de Venezuela con apenas 39 segundos de diferencia. Al cierre de esta edición, las autoridades venezolanas reportaban más de 4,700 fallecidos, 16,740 heridos y cerca de 18,000 personas sin hogar. Dos días después, el Centro Nacional de Sismología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo registró un sismo de magnitud 5.1 en las proximidades de isla Saona; y el 14 de julio, otro de magnitud 4.5 fue sentido en Samaná. 

No existe información oficial que vincule estos movimientos como parte de una misma secuencia sísmica. Venezuela se encuentra en la zona de contacto entre las placas del Caribe y Suramericana, mientras que la isla de La Española está situada en el límite entre las placas del Caribe y Norteamérica. Sin embargo, estos acontecimientos comparten un mismo criterio y es que vivimos en una región tectónicamente activa y la prevención no debe comenzar cuando la tierra tiembla. 

El riesgo no depende solamente de la magnitud

Un terremoto fuerte no se convierte automáticamente en desastre. El impacto final depende de tres factores: la amenaza, es decir, la probabilidad y la intensidad del movimiento; la exposición, relacionada con la cantidad de personas, viviendas, empresas e infraestructuras ubicadas en la zona; y la vulnerabilidad, determinada por la capacidad de las construcciones y las comunidades para resistir y recuperarse.

Este enfoque, utilizado por la Fundación Global Earthquake Model, permite entender por qué movimientos de magnitud similar pueden producir consecuencias muy diferentes. Una ciudad con edificaciones evaluadas, códigos de construcción aplicados, servicios esenciales protegidos, personal entrenado y planes de emergencia tendrá mejores posibilidades de salvar vidas y reanudar sus actividades. 

República Dominicana conoce el poder destructivo de estos fenómenos. El terremoto del 4 de agosto de 1946, estimado posteriormente en magnitud 7.8, provocó graves daños en distintas localidades y generó un tsunami que arrasó la comunidad de Matancita, en la provincia María Trinidad Sánchez. La historia no debe utilizarse para generar miedo, sino para evitar la improvisación. 

Una edificación puede quedar en pie y aun así resultar inutilizable

La seguridad sísmica no se limita a impedir que un edificio colapse. Fachadas, cristales, plafones, tuberías, redes eléctricas, ascensores, estanterías, maquinarias y equipos también pueden desprenderse, romperse o dejar de funcionar. Estos elementos no estructurales pueden causar lesiones, incendios, interrupciones de servicios y pérdidas económicas considerables. 

Por eso, hogares, condominios, centros educativos y empresas deben revisar tanto la estructura como los objetos y sistemas instalados dentro de ella. Las grietas importantes, modificaciones realizadas sin supervisión técnica, corrosión, filtraciones persistentes o ampliaciones improvisadas deben ser evaluadas por profesionales calificados. No toda grieta anuncia un colapso.

Qué puede hacer una familia desde hoy

La preparación comienza con acciones sencillas: identificar las zonas más seguras de la vivienda; fijar estanterías, televisores, cilindros y objetos pesados; mantener despejadas las salidas; acordar un punto de encuentro; preparar una mochila con agua, alimentos, linterna, radio, medicamentos, documentos esenciales y cargadores; y conocer cómo cerrar el gas, el agua y la electricidad.

Durante el movimiento, la recomendación es agacharse, cubrir la cabeza y el cuello, protegerse debajo de una mesa resistente y sujetarse hasta que termine la sacudida. No se deben utilizar ascensores ni correr hacia las escaleras mientras el edificio está en movimiento. Después, hay que salir con calma si existen daños o instrucciones de evacuación, mantenerse atento a las réplicas y seguir únicamente las informaciones del Centro Nacional de Sismología, el Centro de Operaciones de Emergencias y otros organismos oficiales. 

Quienes se encuentren cerca de la costa y sientan un terremoto fuerte o prolongado deben prestar atención a las alertas de tsunami y desplazarse hacia zonas altas o tierra adentro cuando las autoridades lo indiquen. 

Las empresas también deben prepararse para continuar

En el ámbito empresarial, la prevención requiere un diagnóstico de las instalaciones, la identificación de las áreas y equipos críticos, rutas de evacuación, brigadas entrenadas, simulacros periódicos y un plan de continuidad que establezca cómo proteger al personal, conservar la información, mantener las comunicaciones y recuperar las operaciones.

También conviene revisar la dependencia de proveedores, respaldar los datos esenciales, definir lugares alternos de trabajo y evaluar la protección financiera disponible frente a daños, interrupciones y responsabilidades. La resiliencia no consiste únicamente en sobrevivir al evento, sino en recuperar cuanto antes las funciones indispensables. Las publicaciones de Geociencias SURA resaltan que el conocimiento de la amenaza, la exposición y la vulnerabilidad permite priorizar inversiones, rehabilitar estructuras y preparar planes de acción antes de la emergencia.

Los sismos no pueden predecirse con fecha, hora y magnitud exactas. Lo que sí puede anticiparse es la manera en que responderemos. La tragedia de Venezuela y los movimientos recientes en nuestro territorio deben conducir a una conversación responsable: menos rumores, más evaluación técnica; menos alarma, más preparación. La tierra puede moverse sin aviso. Nuestra respuesta no debería improvisarse.

Fuentes: 

– Revistas Geociencias SURA, ediciones 2, 5 y 11.

– U.S. Geological Survey 

– Centro Nacional de Sismología de la UASD

– Centro de Operaciones de Emergencias

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